Era una noche de sábado, y su única compañía era un vaso de
cerveza caliente. No quería estar solo, pero aun sentía miedo de salir a la
calle. Entonces miro al cielo y se preguntó, por milésima vez que le depararía el
destino. Porque, aunque él era del tipo de chico racional, cuando el corazón esta
roto, sientes que la magia y espiritualidad tal vez puedan salvarte.
Torpemente
se llevo el vaso a la boca, no era el primero y el alcohol ya hacia sus efectos.
Y sintió correr ese liquido caliente y amargo por su garganta, y solo pudo
pensar, una vez mas que aquello era como el amor. ¿Acaso nunca se pusieron a
pensar que hay más canciones que hablan sobre los rompimientos que sobre la
alegría del amor? Hay mas historias de corazones rotos que de amantes felices.
Tal vez sea porque el amor es una reverenda mierda, y solo debemos intentar extirparlo
de nuestros corazones antes de que él nos mate. O quizá esa falta, ese vacío nos permite más fácil
la creación (porque si no sería hundirnos para nunca volver) igual que lo
estaba haciendo ahora el. Porque esta es otra historia de dos amantes que se
convierten en desconocidos. Esta es otra historia de “juntos por siempre” que
se convierte en recuerdos que no sabes como quitarte de la cabeza. Esta es otra
historia, amarga y tibia igual que la cerveza, de un amor que no sabes como
olvidar.
Miro el reloj. 3:05 a.m. Y se preguntó que estaría haciendo
su amor. Seguro se encontraría en una fiesta, o quizá durmiendo plácidamente en
su cama, con una sonrisa dibujada en su rosto. Porque si, sabia muy bien que no
estaría extrañándolo. Realmente te sientes una persona muy estúpida cuando
sufres por alguien a la que dudas si en algún momento significaste algo valioso
para ella. Porque no importa lo que diga, sabes en el fondo de tu estropeado corazón
que le importo verga dejarte ir. Pero sigues ahí, mirando tu celular cada 5
minutos para ver si se conecto para hablarte. Buscas la forma de entrar y ver
sus redes (porque claramente ya no te tiene agregado ahí) e intentar conservar
algo de ese pasado que ya está perdido.
El teléfono suena. Un mensaje. Piensas: ¿Sera él?, aunque
sabes que la respuesta es no. Es uno de tus amigos, que te envía fotos de una
fiesta y te dice: “¿Por qué no estas acá?, te vi en el pasillo hace unas horas
e intenté hablarte, pero solo mirabas al suelo con los ojos perdidos”. Si en
verdad supiera la verdad. Si imaginaria que, aunque intentes poner buena cara la
mayor parte del tiempo, algo dentro tuyo esta muerto. Entonces le respondes: no
me siento bien, discúlpame por no estar allí. Adiós. Y tiras ese maldito
aparato por los cielos. No era tu amor, tu entiendes que ni siquiera eres capaz
de distraerte en una torpe fiesta porque el vacío de tu alma es tan grande que
elimino toda tu alegría. Sabes que, en potencia, solo eres un chico que quiere
llorar.
Escribir esta historia, una mas de ese listado eterno de
historias de vacío y sin sentido. De amores iguales a la cerveza. De esperanzas
perdidas, de sueños rotos. De corazones que jamás volverán a ser los mismos. De
chicos estúpidos que lloran a otros chicos estúpidos. De incontables recuerdos y
sentimientos que debes tirar a la basura. ¿Por qué no me dijiste que tu amor
por mí solo sería algo que podrías desechar con tanta facilidad? Tal vez así no
me habría enamorado de tu sonrisa. Tal vez así podría haber pensado dos veces antes
de intentar amar. El amor es vacío, porque sentirlo solo te deja seco por
dentro.
Mira, otra historia de amor sin final feliz, que original
suena eso.
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