En algún punto de la historia decimos basta. Basta de repetir las mismas acciones que siempre te llevan al fracaso, basta de querer ocupar ese lugar que te termina molestando, hiriendo. Aquella rueda que llamamos vida nos retorna una y otra vez a recorrer los mismas formas de relacionarnos con los otros: aquellas que fueron y son felices, y otras mas angustiantes. ¿Por que será que elegimos ocupar lugares que duelen? ¿Insistir en relaciones en las que no sentimos provecho? Deseamos, pero deseamos mal. Deseamos dolor. O quizá creemos que no podemos desear otra cosa que lo ya conocido, la forma en la que fuimos alojados alguna vez. Aquel fantasma del fracaso se vuelve a asomar, una vez mas. El miedo a perder algo que ya ni siquiera sabemos si queremos se presenta vestido de grandes galas y vuelve a ofrecerte una copa, aunque esta vez insistes en no dejarlo pasar. Haber amado y perdido me hizo fuerte, y siento en algún punto haber aprendido tanto tanto que esta vez elijo otra cosa para mi. De las miles y múltiples posibilidades en el universo, esta vez escojo una que siento mas sana. Un lugar que desconozco, pero que al menos me trae paz. Eso, paz. Solo paz.

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