En algún punto de la historia decimos basta. Basta de repetir las mismas acciones que siempre te llevan al fracaso, basta de querer ocupar ese lugar que te termina molestando, hiriendo. Aquella rueda que llamamos vida nos retorna una y otra vez a recorrer los mismas formas de relacionarnos con los otros: aquellas que fueron y son felices, y otras mas angustiantes. ¿Por que será que elegimos ocupar lugares que duelen? ¿Insistir en relaciones en las que no sentimos provecho? Deseamos, pero deseamos mal. Deseamos dolor. O quizá creemos que no podemos desear otra cosa que lo ya conocido, la forma en la que fuimos alojados alguna vez. Aquel fantasma del fracaso se vuelve a asomar, una vez mas. El miedo a perder algo que ya ni siquiera sabemos si queremos se presenta vestido de grandes galas y vuelve a ofrecerte una copa, aunque esta vez insistes en no dejarlo pasar. Haber amado y perdido me hizo fuerte, y siento en algún punto haber aprendido tanto tanto que esta vez elijo otra cosa para mi. De las miles y múltiples posibilidades en el universo, esta vez escojo una que siento mas sana. Un lugar que desconozco, pero que al menos me trae paz. Eso, paz. Solo paz.
Caos
Claridad. Oscuridad. Todo es borroso, más si se trata de sentir. La emoción es más sencilla, es cuerpo. Un cuerpo que habla. En cambio, el sentimiento es por arto complejo. Porque ahí ya obra el significante, nuestra historia. Cómo nos enseñaron a percibir, cómo nos enseñaron a sentir. Que de todos esos sentimientos podían ser expresados, cuáles debían ser reprimidos. Y eso intoxica. Creo que me habría venido muy bien recibir algún tipo de orientación, en algun momento de mi vida, sobre mis sentimientos. Aprender como canalizarlos, no se. ¿Poder expresarlos? Si, eso. Pero no. Me ví más bien en la posición de guardarlos, intentar aniquilarlos y encajar. Uno siempre intenta encajar cuando el mundo es cruel. Y te terminas volviendo eso... Cruel. Cruel con quienes te rodean y cruel con vos mismo. Aquello de lo que debías no ser, pasa a ser. Vos. Algo de aquello te habita. Y como un virus comienza a infectar. Y no, no podía hablar de cómo me sentía. Con nadie. Entonce...
Comentarios
Publicar un comentario