HOSPITAL ALVAREZ

Y sigo y sigo con la teoría de la energía. Porque todo es energía. Energía que fluye, se conecta, crea redes. Pero hay una energía que no se trasforma, que se coagula, y es ahí donde hallare el trauma.
La vida genera energía, el cuerpo se conecta con la situación que vive, y se expresa en emociones. Las emociones aparecen como respuesta a lo que nos rodea. Emociones que pueden ser educadas, pues en los humanos no aparecen solas: las hacemos atravesar por la palabra: ¿Qué nos pasa? ¿Por que nos pasa?. Y sucede algo, y el cuerpo se activa y la energía propia de la vida encarnada en nuestro cuerpo se dirige al cuerpo: me quede paralizado al ver una serpiente, me duele la panza porque estoy nervioso porque debo rendir un examen; y mas ejemplos efímeros. El afuera y el adentro se desdibujan, y nuestro cuerpo carne se conecta con el afuera, expresando lo que interpreta. Cuerpo y situación son la misma cosa, no pueden ir separados. Emocion y sentimiento, carne y palabra, encuentro. 
Hay situaciones que nos exceden. Ahí esta la realidad, cualquier. Emoción, sentimiento (que me pasa) acción. ¿Termino ahí? No. Tenemos historia, tenemos memoria. En el mejor de los casos podemos entender que nos esta pasando, en otras no tanto. Porque acá hay mucho proceso inconsciente dando vueltas: cosas que se nos escapan de las manos. Trauma como energía que se acumula

Era domingo, y volví a trabajar. En realidad madrugada de lunes. La semana recién comienza. Yo estaba con muchas pilas, mucha energía. Me canse del Eze desganado, y descubrí que la paso mejor así. Estaba descansado, así que fui a trabajar con aun mas ganas. Entonces llego y salgo a la calle. Yo trabajo ahí, en el territorio, y me agrada eso. Escenario: Hospital Álvarez, ¿Lo conocen?. Aranguren no se cuanto. Bueno ahí, googlee sino. Ese hospital tiene... un no se que para mi. Me despierta cosas. Viví situaciones muy diversas, me encontré con muchas historias ahí. Pero esto aun así seria nuevo. Quizá seria rutinario y aburrido, o emocionante. No lo sabia. Un hospital que para mi tiene muchas historias que contar. Y esta es una de ellas: porque cuando lo cruzo un personal del hospital, al verme el uniforme del trabajo me conduce directamente a un señor. "Veni que acá esta". Yo lo seguí. En el vestíbulo había varias personas. Atravieso el pasillo pero por un momento cruzo miradas con un chico, el cual note nervioso al verme, pero como yo seguía al hombre no me detuve mucho a contemplar la situación. Me pareció sexy, aunque claro... con el barbijo puesto quien sabe... seguí caminando. Hasta que el señor se detuvo y me dijo: ahí esta a quien venís a buscar. Chávez era alguien que yo conocía, y con el que compartí otra de mis "historias del Álvarez". Él es una historia en si, pero fue mi compañero en otras. Hable con el unos minutos, hasta que el chico que había encontrado en el vestíbulo se acerca, algo ansioso y me dice: yo te llame. Le pedí que me aguardara y continúe unos minutos mas hablando con mi viejo amigo. Preguntas de rutina, Chaves no es muy charlaran sobre su vida, así que volví rápido al vestíbulo a conversar con el lindo chico. Una mujer de unos 50 años me detuvo antes de terminar de abrir la puerta... y  tuve un presentimiento: algo raro estaba por pasar...
María no llego a presentarse, pues se la notaba desbordada. Hablaba muy rápido, sin parar. Intentaba decir muchas cosas, todas juntas. Quiza por experiencia, deje que hablara. Debo entender que pasa, y contenerla. Se la nota ansiosa, con los ojos opacos. Un cuerpo atravesado por muchas emociones, todas juntas, que se agolpan y piden a gritos descargarse y que ahora se conectan conmigo. Un nudo en la garganta, una pisada inquieta... María me cuenta que en su barrio vivía un señor, en la calle. Al parecer en el lugar hay una camioneta abandonada que un hombre de unos casi 60 años utiliza como hogar. Recuerdo las palabras de Fernando, el señor de la calle cuando intento describirlo: ese es mi lugar, lo único que tengo. María tenia un vinculo con Fernando, al parecer ella había querido acercarse a ayudarlo en muchas ocasiones, pero Fernando no se lo permitía. Le puedo pagar una pensión, me decía ella. No tiene que estar en la calle. Pero había algo en ella que no podía aceptar: la decisión de Fernando en querer permanecer allí. Fernando había tenido una vida prospera y en plena actividad social compartida, según Maria me cuenta. Era tapicero, pero un día quedo en la calle. Es mítico para Maria ese momento, solo sabia que sus padres lo habían ayudado. Acá era donde radicaba el problema para Maria, ese hombre de la calle valía algo para sus padres. Me conto que antes de morir su madre pidió ir a despedirse de Fernando, con los ojos llenos de lagrimas. Y que solo quería ayudarlo, en nombre de sus padres. Y aquí es cuando la ayuda pierde su significado de: por el otro. Porque María no quería ayudar a Fernando, María quería sentirse bien con sus padres y creía que si podía sacar a Fernando de la calle, algo de esos sentimientos con sus vínculos familiares quedaría saldado. Ayudar no es ponerse en el lugar del otro y decidir sobre lo que es mejor o peor para alguien ajeno a nosotros. Y Maria sentía mucha tristeza al revivirlo.... una y otra vez: hace 15 años Fernando se negaba a recibir su ayuda. 
En mi trabajo yo me conecto con las personas de una forma muy especial. Ocupo un lugar que a veces lleva a la gente a intentar vehiculizar algo de lo que les pasa. El peso de la herencia familiar estaba ahora en mis manos, por un ratito... El coagulo de María, aquello que no podía resolver y ahora la desbordaba era mío. Una frustración familiar que se repetiría a causa de un regalo no aceptado. Desconozco la historia de Fernando, me fue muy difícil hablar con el ya que se lo nota algo demente. Y digo algo porque no hice un diagnostico profundo. Solo se que no aceptaba la imposición de María.
Quizá aquí podría soltarse un debate ético sobre que es mejor para Fernando y en que lugar se encuentra como para decidir sobre lo que es bueno o malo para el. Solo se que Fernando en algún momento estaba un poco mas cuerdo, y que aun así eligió seguir viviendo en la calle. Que circunstancias de la vida nos llevan a tomar ciertas decisiones es cuestionable, lo que ahí en ese momento yo entendía era que María estaba angustiada por la negación de Fernando. Una negación arraigada al deseo de sus padres, que aunque muertos seguían haciéndose presente: y unía ahora a una mujer desconsolada y a un hombre demente. 
Fueron en verdad muchas horas dialogando con María y su hijo. Porque aquel chico lindo lo era, ese del vestíbulo ¿Otra vez se repetirá la historia...? y las frustraciones del abuelo, que pasaron al hijo, ahora se renuevan en otra generación. Con cambios, claro. Pero sigue siendo una nueva subjetividad que se constituye por un pasado que aun no ha encontrado cause. 
El trauma de María ahora me encontraba, y claro que tenia efecto. Porque María también me conecto a mi historia. Cuanto de todo lo que me constituye son esos "inconclusos" de mis padres, mi familia. Porque hay algo de lo propio que se pone en juego ahí: mi encuentro con María no iba a pasar sin atravesarme... Que lugares ocupamos sin saberlo y aun así nos duelen. María no intenta ayudar a todas las personas en situación de calle... solo a Fernando. Un hombre que no le pide ayuda, pero que aun así ella sigue estando obligada a hacerlo. Una energía que se le impone: Fernando debe vivir en una casa...

Fernando sigue en la guardia, hoy lo volví a ver. Estoy intentando hacer lo que esta en mi alcance para modificar algo de su realidad. En el segundo encuentro ya me hablo mejor, fue mas amable. La situación ahora lo desborda a el. No volví a saber de María, tengo que hablarle. Quiero saber como esta, ver si necesita algo. Quizá porque se que puedo ayudar a trasmutar su energía, aunque sea un poco. Ella lo hizo con la mía... y ahora yo lo vuelvo a hacer a través de este blog. Energía que se vuelve a conectar, una vez mas. En red. 

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