Azul

 Somos energía, estamos hechos de ella. Y la energía se atrae o se repele. Porque en nuestros actos creamos energía, la trasmutamos. Algo del ser se recrea constantemente en ese fluir. Porque así como hay movimiento, también algo permanece inmóvil: nuestra identidad. Donde fuimos, nuestro pasado y nuestras acciones, se vuelven presente y crean la posiblidad de un futuro. 

Ayer yo estaba enojado. En verdad no sabía bien por qué, solo sabía que me sentía molesto. Intenté de todo para acallar ese sentimiento, pero ahí estaba... No sé iba. Estudie, hice ejercicio, cocine algún que otra cosa rica. Y aunque me distraje, eso seguía ahí, y yo desconocía sus causas. También pensé mucho en B, y cuando algo de eso me pasa, cuando me pongo melancólico con B es porque otra cosa está ahí, escondida. Con el correr del tiempo entendí que mis errores con B solo eran producto de no haber podido tramitar cosas de mí pasado, que se se hacían presente en una pura confusión. Yo no podía tolerar el amor que me daba B, no podía tolerar ser alguien importante para otro. Y busque arruinarlo, a drede. Me sentí cruel con B, porque el si sabía correr su ego y a veces se dejó ayudar, porque el también luchaba internamente. Y despues de un año me seguía atormentando, con los recuerdos de mis acciones desmedidas y mal intencionadas. O mejor dicho, con las acciones que mí cabeza confusa podía proyectar. La energía negativa solo conduce a malas acciones, eso no era un verdadero yo. 

Y creí que era otra vez el recuerdo de B que me atormentaba. Pensé muchas veces en hablarle, no para recuperarlo, sino para intentar quitar esta mochila y poder seguir adelante. Pero ¿En verdad estaba preparado? Aún no. Debo esperar. Ya llegará el momento. Entonces seguí con mí día a día. Volví a obligarme a concentrar mí energía en cosas positivas hacia mí yo, y el día paso... Hasta que me acosté. 

Ya lo mencioné antes: porque hace un tiempo descubrí que mis ideas negativas hacía la historia con B tapan otra cosa. Algo mas primitivo, algo que desconozco. Prefiero torturarme con B que enfrentar aquella realidad que aún estoy intentando darle sentido. Un sentido que quizá no lo tiene, o si. No lo sé. Mis demonios siguen siendo confusos, y aunque estoy mas dispuesto a enfrentarlos, sigue siendo dura la pelea. Para dejar de estar mal por B yo debía hacer otra cosa, porque como escribí ayer: haber perdido a B me enseñó tanto de mí, de todo lo que debía trabajar, que solo elevó mí espíritu. No tengo que estar aún mal por ello. Y dormí....

Soné con mis padres. Fue un sueño caótico, en donde yo rompía cosas, furioso y muy enojado. El sentimiento que me había acompañado durante el día se proyectaba en mis sueños en acto: mí sufrimiento canalizado en irá, mucha ira. Y no contra cualquiera, sino con mis padres. La historia con ellos es más que larga, y quizá ahí radique mucho de mí enojo. Porque el preguntarte por quién eres, también te lleva mas atrás: a dónde no eras y necesitabas de alguien que te nombre. Mis padres. 

No desperté enojado, sino más tranquilo. Algo del sueño había calmado la ira. Y volví a concentrar mí energía en hacer de mí día algo productivo, para distraerme. Buscar acciones que me llenen de energía positiva, cómo estudiar o moverme. Lo hice, y me calme aún más. Redescubrir en cada texto lo que amo está carrera, porque ahí me sentía vivo. 

Fui a trabajar. Pero la noche no empezó del todo bien. Cuando salí aun no llovía, y cuando recordé eso: que bueno que no me estoy mojando, se largo una lluvia incesante. El universo estaba tramando algo: ahí lo supe. 

Mí teoría sobre el universo es compleja, y simple a la vez. Creamos energía, somos energía. Todos. Una energía que sin querer se reúne, cuando vibran parecido. 

Fui con muy buen humor al trabajo. Y fue mejor cuando me dijeron que saldría con Florencio, ese del que hable mas atrás. Lo quiero mucho, el me hace bien. Me divierto con su presencia, me hace sentir cómodo pasar mí noche a su lado.

Eran las 3 de mañana. Y tenía que ir al Sanatorio Anchorena a buscar y evaluar a una mujer.  Cuando llegue no la encontré, al parecer se había retirado. Entonces me fui, y ahí a la vuelta encontré a otra mujer. Hablamos un montón, y tengo que volver a verla esta noche, será otra historia. Volví a sentir la crueldad de la calle, el desamparo y la invalides de una sociedad que no brinda oportunidades. Su historia me conmovió, pero ella no es la protagonista en esta historia. La protagonista es Azul. Si, aquella chica del Sanatorio Anchorena. Porque la encontré, algo del universo quería que su esencia se encuentre con la mía, solo que en el medio la complicó un poco. Porque lo hice sin saberlo, horas después que di con su caso perdido, casi de la nada. 

Corrientes y Santa Fe tiene muchas historias para mí. No es cualquier intersección de nuestra bella ciudad, tiene magia. Y no me parece casual haberme encontrado allí con Azul. 

Azul tiene 18 años, pero parece de 15. Azul esta embarazada de Luna, hace nueve meses. El mes que viene tiene fecha de parto. Y me cuenta que se fue de su casa luego de una discusión con su madre con la que vive. Azul pertenece a la clase media, vive en Villa Crespo junto a su madre, hermanos y padrastro, pero después de una discusión se fue de su casa. Me cuenta que no tiene amigos donde pasar la noche, y que hace unas horas hablo con su madre y ella no le permitía volver a su casa. 

Y ahí pensé en la mía, en mamá. En Graciela. Mama siempre estuvo ahí, y yo jamás fui el mejor hijo. Con sus errores y desasiertos intento dar algo de si por mí bienestar. En aquel sueño yo estaba muy enojado con ella, le decía que nunca me había valorado, por eso rompía cosas. A veces me siento muy enojado con ellos, con mis padres, por no haberme dado quizá la educación que me gustaría haber tenido. Pero se que jamás me cerrarían la puerta, nunca. Cometí muchos errores con ellos, como ellos lo hicieron conmigo. Soy su primer hijo, una pareja de tontos adolescentes que tienen un hijo y que deciden hacerse cargo, cosa que no es nada fácil. Una historia personal dura, con padres aún más difíciles. Pero yo no lo entendia, hasta que me encontré con Azul. 

Mí trabajo es sumamente emocionante y desgarrador, porque me encuentro a diario con situaciones realmente feas, en donde los vínculos están rotos, vacíos. Descubro la realidad humana más cruel. Pero una madre es una madre, y jamas pensé que unas le negaría la cama o el techo a su hijo. 

Azul era adolescente y claramente atravesaba una situación sumamente difícil de procesar: traer un niño al mundo. Poco sabía de su historia, pero la escuché e intenté reconstruir su deseo, aquel que no decimos pero que se hace presente igual. Azul quería volver a su casa, tenía miedo. Miedo de quedar a la deriva, en la calle. Sola. Porque azul no dejaba de repetir que nadie la valoraba. Eso que yo decía en mí sueño, a mis padres, en mí realidad inconciente, se hacía carne, en la historia de azul. Así que le propuse acompañarla a su casa y poder hablar con su madre. La contuve como pude y le dije que no estaba sola, porque no enfrentaría a su madre sola: yo estaría ahí, acompañándola. Entonces se animó, y fuimos a su casa.

Después de tocar el timbre note como azul cambiaba completamente de actitud, se la notaba nerviosa, temerosa: debía enfrentar a esa madre. Una que cuando salió fue realmente dura, cosas que jamas pensé escuchar. Porque aunque azul había cometido muchos errores, sería siendo una niña, alguien que estaba creciendo. La sociedad y la naturaleza nos enfrentan a situaciones de la que pocos preparados estamos para afrontar. Ella había creado vida, o estaba en proceso de ello. Y su propia maternidad, pensé, te enfrenta a tu propio lugar como hijo: un conflicto que claramente se hacia carne, ahí en su partida. Azul enojada había abandonado el hogar. Porque si algo aprendí de los adolescentes es que si incapacidad de poner en palabras lo que sienten los lleva a cometer actos torpes, temerarios, desafortunados. Azul estaba sufriendo, y su madre nunca ayudo a calmar ni un poco de todo eso que a su hija le pasaba. Porque también estaba enojada, y la entiendo. Debe ser difícil ser madre y lidiar con ello, pero creo que jamás podría decir todo lo que ella le dijo a azul: que solo se victimiza, que ya no le importaba. Ahí, en ese lugar mí corazon se rompía. La persona que te trajo al mundo y te dijo por mucho tiempo quien eras, por enojo te dice en tu cara que si mueres ahí mismo su realidad seguirá igual ¿No les duele?

Recordé una de tantas peleas con mis padres cuando tenía su edad. Una vez quise irme de mí casa, agarre mis cosas y emprendi viaje. Papa logro detenerme, a unas cuadras de casa. Y quizá no soluciono nada, pero ese día entendí que el me quería ahí. Que mas allá de mis errores, aún seguía siendo papa, mí papá. Y que lo elegia, otra vez: si me detenía de cometer una locura es porque le importaba. Yo le importaba. Porque cuando alguien cree en vos cuando ni vos lo haces, uno siente fuerza. Uno siente ganas de vivir, de ser otro. De crear.

No sé que paso con Azul. Le di mí teléfono, aunque no creo que vuelva a hablarme. Me gustaría haber podido ayudarla más, porque su historia lo hizo conmigo. Porque me enseñó a cuidar mís vínculos, y entender que más allá de los errores de mis padres, ellos me aman. Y si alguien en ese mundo te ama, quizá existan esperanzas de ser mejor persona. 

Hoy volvi a llenarme de energía para seguir tramitando toda mí mierda, y convertirla en una mejor versión de mí mismo. Debo hacerlo, me lo debo. Porque hay gente que cree en mí, en quien soy. En Azul quizá no. 


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