Chiquito
Le dijo que su corazón era sensible, que se rompía fácil. Y él lo acepto. Le pregunto si quería enamorarse, y no le tuvo miedo, no esta vez. Es solo una charla pensó, aunque era lindo despertar con sus mensajes, dormir con ellos. Uno no se ilusiona de las simples imágenes, quizá solo un poco. Y hablaron y siguieron haciéndolo, casi sin final. Era lindo imaginar que todo aquello que fluida podía ser real, traspasar la pantalla. Entraba a su perfil cada hora, intentando crearse una idea lo que él seria. Pero las voces resonaban en su cabeza, esas que te dicen "no vales lo suficientemente para desear una linda historia", pero ¿Qué más da? Si no funcionaba, otra vez volvería a empezar (una vez más). Intentar aprender, sacar provecho, no lo sé. Intento no pensar tanto en el mañana.
Entonces se citaron. Ya no siento los nervios adolescentes del primer encuentro, aunque la situación le genero adrenalina, un poco de caos. Y entonces lo vio, de lejos sentado en el parque y su cuerpo se descontroló. Una llamarada, de esas que nacen del pecho y se alborotan en cada miembro. De esas que envuelven. Quiso besarlo, pero se contuvo, debía mantener cierta cordura. Entonces comenzaron a caminar y hablar, una, dos, tres cuadras. Dieron vueltas, pasaron varias veces por el mismo lugar. Le gustaba escucharlo hablar, le gustaba su presencia, lo hacía sentir cómodo. Y entonces propusieron ir a comer algo, porque quería tenerlo de frente el resto de la velada. Se sentaron en un bar y pidieron de tomar, y charlaron. Y ahí, en medio de una charla trillada ya no pudo detener la pasión, el sentimiento de explosión en su pecho quería salir y abrazarlo. Y entonces le dijo que era lindo, así sin pensarlo. Podía rechazarlo, pero no lo hizo, le dijo que también sentía lo mismo. Y ahí, en ese instante apareció una chica a tomar el pedido, y eso lo tranquilizo. Se sentía nervioso por alagarlo, y más cuando el respondió. Un corte oportuno, para aliviar la tensión.
La charla siguio. Hacía frío y decidieron ir dentro, un lugar donde podían estar más cerca. Esta vez se sentaron uno junto al otro, donde podía sentir su calor más cerca. Y su mano se poso en su pierna. Otra vez la llama ardía, el tacto de la piel le generaba escosor. Estaba nervioso, porque quería tenerlo más cerca, poder besarlo. No pudo detener la mirada a sus labios ni por un segundo, porque solo podía pensar en apretar sus labios allí. Realmente se sentía un poco torpe, un poco niño. Su partener se mostraba frágil y sensible, le gustó su vulnerabilidad, le daban ganas de cobijarlo, de protegerlo. Sus risas se mimetizaban, quería saber mas, sentirlo más. Sintió una conexión que no le sucedía hace más de... 10 años. Los que sufrimos ansiedad social no nos es fácil sentirnos cómodos con alguien que recién conocemos, pero esta vez era distinto. No era solo el alcohol, había algo más, que lo hacía sentir deseoso, tranquilo.
Le dijo si quería ir a su casa, y el acepto. Se sentía nervioso, no quería arruinarlo. Entonces llegaron, y fueron a la cama (ya era tarde) y ahí los nervios invadieron. La desnudez propia es difícil de digerir, más cuando los últimos tiempos tu cuerpo se volvió ajeno, cambiante. Le costaba exponerse así. Pero tomo coraje, fue a un rincón, hizo la posicion de manos del caballo (si, ese es el mantra para calmarse) y se acercó casi desnudo... Aquí ya no quiero ser tan detallista, mejor guardarse algún que otro comentario. Solo diré que su cuerpo desnudo era simplemente perfecto. Que su piel contra piel le provocaba tantas cosas que no podrían ser descriptas. Estaba nervioso, y se sintió. Se lo trasmitió y el supo calmarlo. Eran un sinfín de sentimientos cruzando su cuerpo, y aún así quería seguir allí.
Intento abrazarlo lo más que pudo, sentir su presencia. Hace mucho que no quería dormir tan cerca de alguien, de ese modo, con alguien. Sentía alivio al sentir su calor, quería acariciarlo e intentar recordar cada segundo luego, sin perder detalle.
Luego volvió a casa, con el corazón abatido. Necesitaba procesar tantas emociones, tranquilar su estupido e inefable corazón. No comprendía lo que le sucedía, porque más allá de cualquier chico al que había conocido antes, este era especial, único, diferente.
Los mensajes se volvieron fríos, creyó que no le había gustado y simplemente prefirió seguir. Quizá la conexión no había sido mutua, no lo sé. Aunque se sintió feliz de conectar así con alguien, aún lo piensa y sonríe. Ya no importaba si se volverían a ver o no, sintió que había sido una linda historia. Que deseaba que continúe, pero que quiza había terminado. Eran hermosos esos recuerdos, quería atesorarlo sin remordimiento. Se sentía feliz con su deseo. Si, eso, feliz... Así se había sentido aquella noche.
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