Sobre la exclusividad

 ¿Acaso el ideal romántico del amor se nos impone ligado a la exclusividad? ¿O funciona más bien como una elección? 

Natura vs cultura, en la utópica idea de poder separarlos, podemos decir que la poligamia es inherentemente humana, y que la construcción social actual de pareja, familia, adhiere a una idea contraria, más amable a la monogamia estrictamente ligada al amor verdadero. Y claro, ambas fallan en un punto. Primero pensarlas separadas, luego intentar generalizar algo muy alejo a la subjetividad individual. 

¿Se puede amar a una sola persona, y a la vez encontrar el gozo en el afuera? ¿Pueden funcionar separados sexo y afecto? A veces pienso que si, otras no tanto. Ninguna desmescla es buena, pero alejándome del terreno etico separarla implica también negar la falta, buscar tachar la barradura de ese otro que jamás nos complete. Puedo amarte, hasta acá... Más allá está mí morbo, que es con otros. Y yo lo quiero todo. 

¿Que es el amor? Este implica aceptar que la completud es ilusoria, que las medias naranjas no existen, que no hay ser que me haga sentir total, nunca lo habrá. Entonces ahí si se podría dejar rienda suelta al más pleno instinto, y separar amor de placer, pues aceptaríamos que ese otro no nos completa, entonces voy a buscar en el afuera algo que, ilusoriamente si. Puedo amar, hasta ahí... Porque acepto la falta en el otro, pero niego la propia. 

Supongo que este dilema lo resuelve más bien la idea de contrato que implica una pareja, o más bien aceptar que uno se puede correr del ideal y elegir que acepta y que no. Que acordamos con el compañere implica ceder el ego, y renunciar y acatar lo que ese contrato es en el momento que se presenta, y que tambien puede cambiar con el tiempo. Pero también ¿no se juegan juntas la idea de exclusividad y posesión? ¿De que carajo sirve imponer a otro la idea de: quereme solo a mí, si no es real? Se agota, se tuerce el sentimiento, se ennegrece el vínculo, se torna tóxico. Yo no poseo a nadie, la libertad individual es parte de un compartir feliz. 

Pero, saliendo de ese contrato, ¿Que se le impone a nuestro corazón? Hay un punto de acuerdo mutuo, si. Pero también está aquello que se nos presenta como propio. Ahí ¿El contrato se desvirtúa? ¿Puedo elegir serte fiel y vos no? ¿Y eso, cómo nos hace sentir? 

Muchos años sentí que la cosa podía funcionar sin renunciar a ninguna. Que la exclusividad era una mentira capitalista impuesta a las personas heterosexuales para mantener cierto orden familiar. Luego me di cuenta que el sexo casual no era de mis preferencias, y aunque podía sentir cierto estado de gozo, era más bien uno impuesto, más fantaseado. Una cosa era el acto (desagradable) y otra la fantasía de concretarlo. Coger con alguien que ni siquiera sabía el nombre, en busca de una especie de placer carnal simple, no era un camino que deseaba volver a transitar. Para eso tenía la paja, y me podía ahorrar la conversación escasa de interés que debía mantener para alcanzar un clímax a medias. 

La edad y las palizas que me dio la vida me hicieron darme cuenta que todo eso que implicaba vivir una película porno podía ser vivido en mí fantasía, pero que elegía ligar placer con cariño, y alcanzarlo en un solo sujeto. Me dirán obtuso, delirante. Primero debería vivir un amor semejante que no quiera traicionarlo para poder afirmar semejante cosa. Tal vez simplemente este probando este nuevo formato, no lo sé. 

¿Como vivir el amor en los tiempos de grind? ¿Cómo lidiar con un yo romántico en las drásticas y atropellados tiempos del ahora? ¿Cómo construir vínculos verdaderos, sanos?

Les dejo más preguntas que respuestas, porque este texto fue más bien un escupir un revoltijo de sensaciones que una idea clara. Renuevo el debate. 

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