Extraño cuando este blog era tan solo mío, que mis palabras solo podían tener un efecto en mí. Liberador, encausando el ardor de mí alma. Intentando que algo del murmullo de mis adentros cruce el camino de la letra y que pueda tomar forma, un armado de que me pasaba, de lo que sentía. Nunca le fue fácil a este intenso corazón poder decir que le pasaba, por prejuicio, por falta de una educación emocional, por todos esos avatares del niño gay, por la imposición másculina de no hablar de lo que nos pasa. Pero encontré en la escritura un modo de reencontrarme con algo del caos interior, de hacerlo personal, de meditar acerca de mis acciones. Mí blog es dialogo conmigo mismo, es como sentarme en el espejo a praticar con mí otro yo. No siempre lo que escribo aquí es un sentimiento acabado, a veces son más preguntas que respuestas, es más bien el ahora, escupo lo que viene a mí cabeza sin premeditar acciones ni consecuencias. Y quizá esté mal, pero hacerlo público también parte del proceso. Podría escribir todo esto en un word que solo quede para mí, pero ¿Que sentido tiene? Para mí ninguno. Estaría traicionando aún más mí intento de poder exteriorizar lo que siento, mintiendo en un supuesto equilibrio, mitigando mí ansia de paz. Aunque me escribo a mí, aquí también escribo para otros. Unos otros imaginados, que intentaba pensar que no existían. No pensé que alguien podría leerme, y son muy pocos textos específicos los que publico en mis redes, convenciendome de que mí único lector soy yo mismo, en otro momento. 

Yo sabía que mí corazón iba a arruinar algún que otro vínculo más, pero no de este modo. Porque aún me equivoco, aún tengo heridas que sangran, las voces en mí cabeza no siempre se detienen o pueden decirme cosas lindas. Sigue ahí mí lado tóxico, carente de amor, frágil, inmaduro. Pero jamás imaginé que tener un blog podría causarme tantos problemas. 

Ya van dos veces que la cago porque un otro se encuentran con mí letra, que de alguna manera mí sentir lo descompagina de algún modo, que mí prosa interfiere en un continuar conociendo. Y sinceramente pensé en cerrar este libro de vida, y negarme ante la posibilidad de esta cura, aunque también pensé en un: que se caguen, quizá no era por ahí. Y decidí seguir adelante. Sin más. Me puse en la cabeza que aquello no me había afectado, me convenci de que ninguno de esos chicos había provocado algo en mí, o que al menos con un simple: no funcionó, podía seguir adelante sin más. 

Ayer me encontré en una situación algo embarazosa, colmando mí mente de recuerdos sin disfrutar el presente. Intentando encausar eso que había pasado estos meses atrás, volviendo a mí casa un poco destruido por haberme permitido pensar en eso. Pero entendí que quiza era yo el que necesitaba tiempo, antes de seguir adelante. Necesito sanar, un poco antes de poder dar el paso al costado. Con quien fui, que permití que pase. Y aquí me encuentro, otra vez escupiendo mí pasar en este maldito blog. Pero lo necesitaba. 

Quizá esté equivocado, pero es lo que siento ¿Que otra cosa tengo para hacer con eso?

Me gusta pensar que, en un futuro ya no asustarte a la gente con lo que me pase. Que podre alcanzar la apertura para decirle a alguien: estos son mis miedos, mis deseos, mí integridad te la dejo a vos, quiero que sepas lo que siento. Y eso no lastime. 

Hoy duele. No salió bien. Ni teniendo un blog ni diciendo que me pasaba, no solo por no correspondido, sino más bien por mambos del otro lado que no logré llevar muy bien. Tengo errores, sigo aprendiendo, sigo insistiendo en convertirme en una mejor persona cada día, pero cuesta y a veces hay retrocesos. 

Espero que este blog vuelva a ser solo mío. O que después de sanar, ninguna de mis palabras aquí vuelvan a ser usadas en mí contra. Ya no quiero huir a lo que me pasa, no más. 

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