"Y ahí esta, otra vez, aquella voz en tu cabeza que dice: no eres suficientemente bueno"
Un nuevo final, otra temporada de exámenes y estrés. Y recurro aquí a escribirte, para despejar aquellas dudas de un yo perdido, uno que aprendí con el tiempo a controlar, uno que no se deja (ni se lo permitiré) volver a colapsar mi ego, mi autoestima. No volveré a permitirte viejo yo revivir aquellas experiencias que con el tiempo aprendí a soltar, aunque sea a medias. Porque todo camino es un ida y vuelta, un dual retroceso y avance.
Hace ya una semana termine mi curso de verano, aquella materia que se rinde intensiva, y que tanto disfrute. Por ahí es, ahí esta mi camino, en lo comunitario, en el trabajo de campo, eso aprendí. Que mas allá de la nota (que debo decir, fue bastante buena) volví a encontrarme con aquello con lo que soñaba ser dentro de la psicología. Y eso realmente me permitió acariciar y reencontrarme con una versión de mi que había olvidado. Pero este no es tema del post, pues mi pasión hoy se encara por otro lado, y puesto que solo quería contextualizar la situación, les podría decir que la cursada intensiva me dejo con poco tiempo para preparar los exámenes finales. Se sumo el trabajo, que me impedía por nuevo poder tener un día libre para rendir, aunque (por suerte y desgracia) logre encontrar la forma de tener este lunes 6 de marzo libre. Y recuerdo, fue el jueves en donde pude decir: bueno, en unos días vas a tener que rendir, puesto que el universo contribuyo a que tengas la mañana libre, ahora ya no hay excusas, tenes que preparar ese final y punto.
Siento pánico al rendir exámenes, una horrible sensación de vació e ignorancia. Para que lo sepan, mi madre es docente, muy apasionada en lo suyo, con mucho amor por lo que hace, y como primer hijo me vi desde pequeño intentando alegrarla desde mi lugar en el trayecto académico. Recuerdo como, desde pequeño notaba la alegría de mama al tener buenas notas. Y como jamas me costo eso del aprendisaje y el estudio, siempre fui un poco nerd sin necesidad de ser aplicado, pude sortear la escuela de la mejor manera posible. Cuando conjugas talento para el aprendizaje, y quieres hacer feliz a mama en aquello que se dedica, el estudio trasciende la misma esencia, y se viste de ropajes de búsqueda de reconocimiento. Amo mucho esa parte de mi historia, la tomo con mucho cariño pese a las complicaciones que me trajo cuando comencé mis estudios universitarios. El amor por el conocimiento, mi alma de filosofo, de creador de historias, de mi empeño por mejorar la vida de otros y la mía, todo eso se encontraba cuando cruzaba la puerta de la facultad de psicología. El problema era que yo jamas fui aplicado en mis estudios, jamas la escuela me educo para ello. Nunca me debí esforzar para aprobar, mi educación primaria y secundaria fue pobre al darme herramientas de estudio. Y cuando comencé la facultad fue realmente caótico: lean un libro entero para la semana que viene, aprendan mil cosas en poco tiempo, construyan y reconstruyan todo eso que venían pensando hasta ahora. El pensamiento complejo inundaba cada materia, ya no había causasion directa entre una cosa y la otra, todo era mucho mas difícil de lo que mi mundo infantil me lo había permitido pensar. La realidad se complejizaba, sin poder despegar eso que aprendías de tu propia vida inconsciente.
Exponerme a ser evaluado era realmente difícil. Por lo que vine a contarles, cada vez que debia rendir un examen yo "debía ser el mejor", el que mas sabia o que mas clara la tenia. Y realmente se vuelve caótico cuando esto no es así, puesto que se te dificulta planear un esquema de estudio diario cuando jamas lo tuviste, cuando te encuentras frente a otro al que debes rendir cuentas de todo aquello que entendiste. Porque a mi me es fácil explicarles lo que se, el problema esta cuando hay un docente delante tuyo, evaluando cada palabra que eliges usar. Me remontaba a una infancia llena de secretos, llena de mentiras y falto de significantes frente a aquello que mi corazón gritaba. Un ideal de ser el mejor estudiante, frente a una realidad en la que no lo era, sino un humano mas, que debe esforzarse igual que el resto, que debe aprender a aprender, casi de cero. Y así comencé a evitar la tristeza que me generaba rendir un examen, huyendo. No presentarme a los exámenes era mi manera de no exponerme, de develar parte de mis traumas, una con graves consecuencias, pero que me colocaba en el lugar de tristeza que una parte de mi buscaba.
Hace ya un tiempo decidí que quería recibirme, de una vez por todas. Porque la pasion por esta carrera siempre estuvo, pero mis fantasmas eran mayores. Y ahí donde yo quiero trabajar, necesito un titulo. También porque realmente quiero chapiar con el Lic. delante de mi nombre, quiero presumirle al mundo haberme recibido en la universidad mas prestigiosa del país, quiero ser yo el primer universitario de mi familia. Porque amo esta vida que proyecto con mi titulo en la mano, disfruto avanzar en la carrera y nutrirme de mayores herramientas para poder ligar aquello que esta en la practica con una mejor versión de mi. El estudio de lo humano amplio mi horizonte de posibilidades de una manera impensable, ¿Por que permitirme no avanzar? ¿Solo por una estúpida e inefable identificación infantil?
Esta mañana otra vez las voces volvieron a invadir mi cabeza. No sabes nada Eze, no estudiaste lo suficiente. Exponerte al examen es demostrar que tan tonto podes ser, no lo hagas. Quedate en casa, sera en otra oportunidad.... No. Basta, no quiero eso. Me desperté con sueño, mucho sueño, y volví a estudiar. Otro esfuerzo mas, uno nuevo, pensa en aquello que queres ser. Sos hokage.
Estuve a punto de arrepentirme a la hora de rendir. Pero sin saber casi como, logre silenciar esas voces, simplemente lanzarme a la pileta. Mama también decía: el no ya lo tenes, y un desaprobado hasta podría ser mas favorable que escuchar a mis miedos, una vez mas.
Ahora se que cada examen va a volver a enfrentarme a mis temores infantiles, a mi yo que prefería huir, no afrontar. Que el ruido que me quiere tirar al piso siempre estará ahí, intentando derribarme. Me siento orgulloso de mi mismo al decir: ya no voy a permitirte esto. Así como te escucho saboteador, también miro al cielo y le pido al creador que me contenga, a los dioses de la psicología que me den fuerzas, que me permitan convertirme en quien quiero ser.
"Estas aprobado" dijo el profe. Y no importa en que circunstancias, me sentí feliz. No solo porque había logrado ir en contra de aquello que tanto tiempo fui, sino que también me demostré que podía y que sabia. Una materia menos para conseguir el sueño, para ser mas yo. Mas feliz
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