Vengo a agregar otra letra, al sin fin de vínculos efímeros y pasajeros que se trasponen cómo raspaduras en mis rodillas. Un nuevo otro, cargado de momentos que en unos meses olvidaré y no seran más que recuerdos de un momento oscuro. El paso del tiempo irá vaciando cada momento, lo irá destiñendo de sentimientos. Pero ahora molestan, duelen. Un vacío que intento llenar con alcohol, tabaco o alguna que otra droga pasajera. En el ferviente estrés y ansiedad, ayer ejercite hasta más no poder, lleve mí cuerpo al punto del dolor y aún así no pude parar, buscando que el vacío del alma se traspase al cuerpo, romper los lazos con la realidad. Uno no puede escapar al dolor del corazón, pero los músculos sanan, al menos mucho más rápido. Ahora me duelen ambos... que tonta idea. 

G no tenía nada de lo que podría gustarme en alguien, y aún así logro generar ciertos sentimientos certeros que molesta tener. Su desequilibrio contante, su inestable e inefable corazón lo volvían el pretendiente erróneo de entrada, y aún así seguí intentando conocerlo. Que tonto corazón el mío, que se siente en la necesidad de lastimarse en vínculos que, de entrada vuelve a ser anunciado un desenlace frívolo y carente de amor. 

Debo sentir que poco valgo, que loco soy, que tuve muchos errores, para que siempre intente encarar relaciones que poco satisfacen a un yo inerte. Vuelvo a buscar a un chico sin algún tipo de responsabilidad afectiva, sufrido y egoísta, que anuncia el peor estado de un futuro. 

Ese futuro es hoy, y yo igual me siento para la mierda. Intentando juntar cada parte de aquello que se rompe y, una vez más, volviendo a pegarlo con la esperanza de que vuelva a sonar, alguna vez. Soy culpable de la ilusión, de dejarme llevar sabiendo que nada de esto funcionaría. De ser un tonto que se intentó enamorar de una vaga sensación de un otro tierno, cariñoso. 

Tonto corazón, cuánto más te falta aprender que debes volar solo y que así estás mejor. Idiota posverdad


 

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