Las noches se están haciendo largas, quizá sea solo insomio aunque sospecho que es algo más, un plus de ansiedad que no logro controlar. Y entre esas acciones descabelladas que uno toma solo por la madrugada, quizá hice algo que no debía y, antes de ir a la cama amanecí con la noticia de que mí mensaje no fue correspondido, que aquella acción inefable que tomo un corazón desesperado, se encontró con una negativa del otro lado. Por un lado pienso es que es mejor, otro piensa que dolió. Entonces cerré los ojos y me dispuse a dormir, o al menos intentar. El cuerpo se estremecía en la cama, al parecer aquella ansiedad volvía. Pero ya estaba cansado, y pronto me dormí. 

Soñé, y soñe mucho. Un inconciente repleto de imágenes, deseos e irrealidades que golpearon cada minuto del dormir. Un poema convertido en fantasías hasta un punto irreconocibles. Ya poco recuerdo, solo queda ese dejo de sensación de la proyección nocturna, de recordar a medias casa situación descabellada a la que fue lanzada mí mente. Pero lo que si puedo retener, fueron los últimos momentos del sueño, aquel que me dejó pensando cada momento de la mañana. 

Y vengo a reflexionar sobre mí soñar, no al modo de interpretar el resto nocturno de mí mente ajetreada, porque al parecer parte de ese mensaje no correspondido se intentó colar en aquellas imágenes que más que volverse un mensaje, más bien disparó un sinfín de pensamientos. 

Ustedes ¿Creen en algo parecido al karma? Y no hablo de su real significado, más bien me refiero a la común aunque vaga idea que tenemos todos de el. Esa absurda idea de un universo caprichoso que juega nuestras acciones como buenas y malas y las devuelve de igual manera. Una especie de equilibrio cósmico en donde aquello que das se vuelve de igual manera, en la que la naturaleza, la ley universal, devuelve a modo de espejo una acción algo plagada de discurso ético, y se convierte en castigo o regalo. ¿Estamos dispuesto a aceptar la idea de que a todo aquel que acciona con malas intensiones, le llegará su momento para sufrir? ¿No sé vuelve más bien, una manera de calmar nuestro presente invocando algún tipo de refreno ante la imposibilidad a veces de hacer algo cuando alguien nos daña? 

Algo del karma está presente, no lo niego. Hay días que pienso que todo aquel daño que alguna vez hice, se vuelve. No como tal, quizá. Sino más bien vuelto en otra cosa. Porque me apego más a la idea de que más que karma, es retorno de lo reprimido. Para mí, más bien somos presos del inconsciente, al ser lanzados a repetir una y otra vez las mismas experiencias traumáticas, a la que sin impoetan que tan buenos o malos seamos, sin tratamiento, somos lanzados a repetir una y otra vez. Aquellos primeros vínculos, los significativos, son llevados al presente en una red de conexiones reales, vínculos presentes. Entonces, ¿Cómo romper el círculo?

En mis últimos momentos del sueño, me hice la idea de un enojo por cómo sentía que el universo me trataba. Algo de lo que no recuerdo bien que, enervo mí sangre y me hizo estallar en un irreconocible enojo que solo me dejó escupir cierta idea de venganza: comenzaré a tratar a los otros como me siento yo ahora, pues está es la única manera de sobrellevar mí enojo. Y despierto, me vi lanzado ya a pensar: ¿Alguna vez hice esto? ¿Alguna vez, sin querer, sin ser consciente de mis actos, trate a aquellos que me rodeaban con absoluto enojo cuando quizá no lo merecían? ¿Cuántas veces fui lanzado a proyectar mí propio caos a un mundo vincular que, quizá ni siquiera tenía la culpa? 

Acaso, la proyección¿No es un modo de karma? Lo intolerado en el adentro se expulsa al afuera a modo de desconocimiento. Y sin ser concientes terminamos haciendo pagar a nuevos vínculos por frustraciones propias, ajenos a nuestro control. Cuántas veces intenté racionalizar aquello para seguir manteniendo eso que molestaba en el adentro, y apretando así a cualquier boludx que creí vestía los ropajes de mis traumas. Cuántas veces habré sido yo el que se vestía con las mismas prendas de un otro tan agobiado cómo yo, y sin premeditar lo volví personal. 

Eterno retorno. ¿Como escapar de tus garras? ¿Será que descubrir aquella palabra que me determine alcanzará para evitarte? ¿O hay algo más que se pueda hacer? 


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