A veces creo que mí personalidad rosa el espectro. Y hablo desde el respeto al autismo, cuando digo que quizá me volví tan obsesivo que deje de captar las impresiones metafóricas. Intento entender el humor, su humor, pero ciertamente se me hace difícil porque en mí universo simbólico, cada significante siempre remite a otro significante, y ahí todo se complica. Es difícil, se me hace así, cuando alguien quiere decir algo y no lo dice, pues me veo obligado a interpretar. Y si, soy malo interpretando, leyendo entre líneas lo que el otro quiere decir. Ahora bien, dirán, que mal psicoanalista se convirtió este chico, pero es como si dos mundos aquí se encontrarán en una ambigüedad constante de: hago lo que decís, sigo al imaginación de la letra, que me hace interpretar la literalidad de tu palabra, o me prestó a interpretar por mí cuenta. Porque ahí caigo en un sinfín de reclamos, al estilo: esto ¿No tendrá más que ver conmigo que con el otro? Quizá solo necesite más terapia, y solo sea el alcohol volviendome loco, lanzandome a promulgar una pregunta sobre el deseo del otro que jamás responderé. Porque en la vida misma, en el presente continuo de Ezequiel, que maneja ciertos conceptos rebuscados en su cabeza, pero que sigue siendo un humano en falta, sus palabras siguen doliendo, siguen teniendo efecto, uno que no puedo simplemente proyectar en un: no soy yo a quien le dice esto. 

Hace poco termine una especie de relación bastante imaginaria con un chico que aún remueve en mí cabeza varias preguntas. Gabriel hirió casa fibra sensible en mí, y aún así me lanzó a un abismo de preguntas inconsistentes de idas y vueltas, de reflexiones sin fin, de histeria (al modo común) que inaguraron un sin fin de noches en vela, enojos y por sobre todo frustraciones. Y casi al final todo se volvió confuso. Más aún, que lo de costumbre. Promulgaba un: vos sos psicólogo, cómo si alguna carrera pudiera darte alguna respuesta de algo (es más, me olvidé de decirle que mas que respuestas, mí formación me dio preguntas, me ayudó a entender que no se nada de ese otro, pero que aún así puedo jugar con ese "yo se", pero en transferencia, no aquí). Me confundió, lanzó a mí obsesión a volar por las nubes, y aún creo que me cuesta volver a controlar. ¿Alguna vez leyeron el historial del hombre de las ratas? Bueno, ese soy yo, alguien con preguntas, que se defiende del deseo sambuyendose en un mar de más y mas preguntas, que lo aterrorizan, lo enloquecen, lo encarnan a vivir un laberinto sin sin de idas y vueltas en tu cabeza. 

¿Quien soy ahí? En ese deseo. Y el encarnó varias veces esa pregunta, porque algunos días me quería, otros era una persona que no sumaba, y que estaba enamorado de otro. Y con poca responsabilidad afectiva, mis sentimientos jamás importaron. Nunca. Lo que yo sentía, cómo yo vivía su discurso jamás importo. Porque así como el enmarañado de pensamientos me enloquesia por el simple hecho de existir, el podía, quizá sin quererlo, enmugrecer el sentido, despojarlo de esperanza, arrojarlo al vacío. Enloquesi. Cada letra pronunciada por separado. Empecé a comportarme raro, con el y con todes. Hasta me lance a experiencias repetitivas con tal de olvidar, de callar el enmarañado pensamiento. 

Odio sentirme así, en la nebulosa de lo que dejó M. En el gran vacío existencial que ocasionó B. Revuelvo cada chico del que me he enamorado con casa nuevo chongo ocasional que fantaseo con amar. 

Hoy me sentí raro. Quizá porque mí día se baso en hacer cosas por la facultad, y eso en parte, aunque ciertamente compulsivo, me hizo sentir bien. Al menos hice algo que me gusta, y más allá de todo, utilice está energía, y la canalice en algo positivo en mí. Entendí que debo dejarme relajar a veces, y que debo disfrutar de todo esto, también. Porque apurarse a terminar no sirve, y más cuando hacerlo implica cierto grado de placer. Uno que necesitabas. 

Sobre el deseo. Otra vez. Una vez más vuelvo a la pregunta psicoanálisista del tema, una vez más invoco a ese objeto perdido, y ciertamente me calmo, aunque sea un poco. Hoy escuché algunos videos sobre el desapego, y me pregunte sobre la ego, si alguna vez podré abandonarlo. Me compré un aro. También eso. Y me hizo sentir presicamwnte bonito. 

O quizá sean estos restos de alguna excusa particula de mí, que quiere hacerme sentir bien, aunque sea un poco. Que quizá ya haya enloquecido y no lo sepa, no lo sé....

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