A veces, simplemente preferiría no tener sentimientos. Que las cosas no se sientan, cómo lo siento ahora. Que un sinfín de emociones no desplacen mí tranquilidad, que no me obligen a ahogar en alcohol algún que otro estado del ánimo. Que simplemente me encuentre relajado y feliz. Que ya nada me sorprenda. 

Otros días recuerdo vivir la vida, disfrutar cada instante. Que si ahí algo pasa, algo te transforma. 

Porque quizá la falla no está en sentir, quizá la falla está en recordar. Y es el pasado, tumultuoso y resentido que me obliga a pensar que no debería haber sufrido, ni un segundo más. 

Porque quizá en esta poesía está escupida mí inefable existencia, que no sabe dónde ser. Que quizá solo estoy loco, y esto, todo esto, que me rodea, es solo un producto de una imaginación retorcida y siniestra. Que me hace sentir cosas que no son. 

Que quizá, tan solo quizá, me convertí en un simple humano, que sueña, piensa y siente. Que vive cada instante, y que se priva de tanto que podría tener. Que enloquece con cada nuevo suspiro inconsciente que atraca la membrana inpermeable del deseo. 

Tan solo, por ahí... No estoy preparado para que me quieran, y me alejo cuando lo hacen. Porque ahí no se ser. Solo, en la tranquilidad del espíritu tumultuoso que no me deja ser, pero que me alberga en lo conocido. 

Estupido corazón, ojalá podrían abrirte en dos y permitirte conocer a alguien más. Ese otro, ahí esperando, que no encuentra encause a esta desdicha indesterrable de una mente enferma

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