Debe motivarme cierto estado de ebriedad que provoca la fiebre. Porque así el paracetamol me mantiene alejado de los 40 grados que sufrí estos días, también viene con consecuencias. Un estado de somnolencia que me hace reflexionar. Un yo que odia medicarse, versus una gripe atros que me dejó de casa parte del Finde. Y digo parte, porque el viernes conocí a un chico. Uno con el que había hablado en algún que otro momento pero que nunca pudimos concretar nada. Y este día se dio. Y realmente fue hermoso. Fue deslumbrante conocer a alguien que me guste tanto. En una primera cita. Me removió el piso. Así, literal. No solo fisicamente, sino a nivel humano. Me gustó. Fuimos a cenar, después a caminar, charlamos un montón, nos besamos. Me invitó a su casa, acepte, y dormimos juntos. Nos despertamos, fuimos a almorzar y seguimos con ganas de seguir juntos, aunque entendimos que ya era hora de terminar con la cita. Me dolió dejar atrás esa primera vez. Y aunque suene raro, no quería irme. Realmente me agradaba estar con el, me sentía cómodo. Esa tendencia mía a salir con chicos que poco me gustaban, que poco tenía en común o poco compraría, con el no pasaba. Me sentía atraído por su manera de contar historias, por su retórica hermosa de revolver el presente hecho ahora. Simplemente me dejaba llevar por lo que me contaba, y me relajo. Fue realmente mágico. Lindo. Pero después volviendo a casa, entendí que no hubo muchos momentos donde pude hablar de mí, porque quizá el tendía a un discurso más ilarante de si, o porque yo me deje engatusar en su bella metáfora. No importa. Hoy me recuerda a G, en su comparación, una historia que no llevaba a nada, apelando a la esquizo palabra, aburrida, en la que cada monólogo, bien aburrido, atravesaba mil discursos en uno, y que terminaba agotándome. Este chico no, tenía una manera de concatenar cada Historia en un sinfín de sorpresas. 

Y luego de aquella cita seguimos hablando. Mensaje va, mensaje viene. Me sentí raro, me sentí reflexicivo. En mí incapacidad de poner un alto cuando el otro comete un error. Me dijo, yo leí esto en un perfil tuyo, y seguí como si nada, cuando sabía muy bien que no era así. No es la cuestión dar tanto detalle, sino más bien hablar del sabor amargo que me genera poder decir que no. 

Que difícil ¿No? Parece simple. Pero no lo es. ¿Porque tanto duele, pese a que ni siquiera tengo un vínculo con él, poder, de alguna manera, barrarlo? Ese gran otro, que se pone en el lugar de: me gusta, no puedo decirle: che te equivocaste, por acá no es. No es lo que quiero, no es lo que siento. Parece que preferí hacer de cuenta que todo seguía igual, y que todo fluya. Por miedo a perderlo. Porque así como este chico me había gustado, no ocurre desde M. O desde antes, quien sabe. ¿Porque el muerto a vincularme con chicos que realmente me atraigan en todas sus dimensiones? ¿Porque eligo vincularme con aquellos que puedo descartar sin más, porque no siento más que una atracción física? 

Quiero volver a verlo. Eso seguro. Pero quiero estar más preparado. Quiza no lo haga jamás, ya ni se. Pero no puedo mantener esta fachada de afirmación por mucho, en algún momento deberé poner un límite. Poder decir: no es por acá. Tenés permitido hasta acá. 

Acaso si un chico te gusta, verdaderamente tiene permitido todo. Oh no, seguro que no. Entonces ¿Porque no poder decirlo? Miedo al abandono... De que.... Ni lo conoces Eze. Es más bien una ilusión está, de alguien que quizá encaje en un escenario imaginado una pizca de aquello que podría hacer feliz. Y me lo digo internamente, porque soy más que solo afirmación, poder ser vos, incluyendo límites, sin el miedo al abandono. Porque ahí seguro te presentes más seguro, más real, más vos. 

Los fantasmas de mí niñes vuelven a tocar la puerta, y se de donde viene este loco maleficio, pero así como irresoluble debo de algún forma dale forma en mí actual acontecer y que me permitan un camino hacia un estar bien. Duele deshacerse de los ropajes del pasado, pero debo hacerlo. Porque sino, nunca podré ser yo. Y si no soy yo, jamás podré conocer a alguien, sanamente 

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