¿Puede que acaso nuestros gustos cambien, permuten, evolucionen? ¿Que lo que un día consideramos bello, al otro deje de serlo? Quizá por insuficiencia de objeto que nos complemente, que nos vemos arrojados a desear, insaciantemente. Porque lo que soy ahora, quizá ya no siempre. No hay una consistencia inacabada del ser, y lo que algo era considerado bueno, deje de serlo.
O es acaso que eso que creíamos bonito, nunca lo fue. Y solo fuimos relegados a aceptar la decepción y tan solo aceptar lo que el destino puso ante nuestros ojos. Nos convencemos de que es por ahí. Porque si, la ilusión ahí está al presente, pero después el paso del tiempo nos arroja la idea clara de que aquello considerado agradable, ya no lo es.
¿Es acaso histeria? O es que somos puro goce, y disfrutamos en el aquí y ahora, lo que quizá al otro momento solo sea un recuerdo penoso. Y pienso en la ilusión del enamorado, que ve con ojos de aprobación y excitación aquello que, luego caigo ese velo, comienza a aceptar que aquella realidad ya no era tan exuberante y grandiosa como creía. Que la fantasía pesa más.
Acaso ¿Alguien sabe realmente que quiere? Y si lo sabe, ¿Puede encontrarlo? ¿Puede ser eso real? No creo. Es más bien un prototipo, si es que existe, del modo en el que queremos ser amados. Y los muchos y desventurados intentos de hallarlo, son tan solo modos humanos de explotar lo que está en nosotros
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