Sobre las elecciones y el deseo de tren
Motor de vida, de ensueño. Esperanza. Empuje, encause. Un camino, una senda tumultuosa. Se requiere ahí, pero se teme ante su presencia. Nacido en el otro, que hace carne, cuerpo. Ser. Nos distancia, y nos acerca. Nos conmueve.
¿Que es el deseo?
Abro una incógnita, ahí donde el vacío nos enfrenta a lo más puro, lo más oscuro y más real del ser hablante. Donde las palabras no colman, pero le dan vida. Ahí donde falta, nos falta, somos lanzados a vivir una vida en búsqueda de la ilusión de completud, de calma. Queremos aferrarnos a esa idea, pero se nos escapa como el agua que aunque forcemos nuestras manos en una posición incómoda y absurda, el hueco que hay en nosotros deja ir. Fluir.
¿Quien soy? Porque deseo y ser van de la mano. Rellenamos el velo buscándonos definir-nos para controlar algo del deseo.
Te quiero, pero a la vez no. ¿Puedo ocupar un lugar ahí en tu corazón?
Me la pasé dudando, casi toda la vida. Me enseñaron a hacerlo, en el hueco simbólico de adultos que te llenan de incertidumbre. Un niño, que solo quería jugar, reir, pero atravesado por una historia que se volvía oscura, absurda. Querer encajar en el deseo de alguien incompleto, que tampoco sabía que quería. Inhibición, el único camino. Lanzarse a la boragine del pensamiento abrumador, insensato, inconcluso. Intentar calmar el vacío con palabras. Develar el secreto.
Allá hace algunos años sufrí de depresión, porque la cosa ya no tenía sentido. Ninguno. Deje de pensar, pero así también de actuar, de vivir. Me aleje de todos y todas, perdí un trabajo, un pasatiempo. Me enoje, con la vida y con todos. Solo albergaba odio, hasta que no hubo más. Corrí a mis padres, a mí hermana pidiendo axulio, porque en verdad no quería morir. No por mí, mí existencia no tenía sentido alguno, sino por ellos. Porque no podía soportar la idea de que sentirían, cómo podrían seguir sin mí. La red, ese gran amor incondicional me salvó. Me medicaron un poco, me salvaron del abismo. Y costo, mucho. Recuerdo esos días con mucha pena, mucho dolor. Pero poco a poco salí adelante. Con mucho esfuerzo, mucha rabia. Encontré otro trabajo, me amigue con mi carrera, volví a desear. Encendí la llama de la vida. Y como gran encuentro con el infierno, solo quedó salir, cuando bajas tanto y te das bien fuerte la cabeza contra el fondo, solo te queda ir para arriba. Resistí. Un sobreviviente. Había perdido el deseo, y también me habían internado dos meses en terapia intensiva con solo un diagnóstico: en cualquier momento ese pibe podía no despertar. Porque si.. también toda esa angustia se fue al cuerpo. Pero acá estoy. Y no, no se trata de una clase esperanzadora, algo a lo couching. Si yo pude... Esa mierda, no. Es está mí oscuridad, y aunque no me gustaría que nadie la vida, tampoco me creo mejor por haber transitado el encuentro con la muerte.
Salí, y me aventure a un nuevo mundo, en el que, si quería vivirlo (en esta nueva oportunidad) tenía que poder identificar algo de toda esa basura inconciente que tanto mal me había hecho en el pasado, y convertirla en otra cosa. Crear con mí miseria, con mí desgracia. Convertirme en una mejor versión de mí. Y ahí, si ahí entendí algo de mí deseo, solo una parte. Pude entender por dónde iba algo del camino, elegir. Porque si, ese niño que solo le quedó condenarse a identificarse con la palabra vacía del otro, ahora podía elegir. Me volví adulto, y trace algo del camino en el que quería caminar.
Esto me gusta, esto es negociable. Y cuando algo reviste las particularidades de la cosa, me entrego. ¿Salir lastimado? Y si, no me importa. Puede que pase, siempre está la posibilidad. Quizá sigo siendo un incrédulo, un idialista que cree en la ternura humana, en los buenas intenciones de la gente. En un mundo mejor. Y lucho por ellas.
Me enamoró, lo vivo intensamente. Me las juego, me abro la posibilidad. Busco conocer a alguien, y aceptarlo y respetarlo, sin subsumirlo y encajarlo en lo que quiero. Me dejó llevar por la intuición, esa que no falla. Y si lo hace, recojo los pedasos y me reconstruyó. Porque si creo de entrada que me voy a equivocar, me niego a sentir.
Me siento raro, fue un finde algo movido. Intento expulsar eso que siento, que no se que es. Me despedí y no quería irme, pero tambien tenia la necesidad de hacerlo. Abandonar un lugar, y dejar fluir. No caer en la locura. Escapar, solo un poco. Y aunque salí pensando, que quizá revelar tu ser con alguien, tan rápido, no está bueno, esto es lo que elegí ser. Me hace sentir más auténtico, más real. Y que quizá no todos estarán preparados. Un tren, eso. Eso soy. Uno con estaciones, con relevos, pero un tren.
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