"Estás yendo muy rápido. Me asustas" y ahí, quizá algo se paralizó. Porque aunque es ahora cuando lo reflexionó, ya alejado, solo, con el ruido del tren deslizándose por sus vías donde, quiero sacarle el provecho que merece esa frase, en ese momento solo me quedo fingir demencia y hacer un paso al costado a aquel extraño pero inevitable sentimiento de: yo si quiero estar con vos. 

Porque quiza sea solo eso, y más bien lo que te asuste sea tan solo un montón de fantasía, de juego de amor y regocijo. Porque lo que a mí me pasa, es que me siento cómodo cuando compartimos tiempo, que me gusta escucharte, me honra tu pasión, tu alegría, tu sonrisa. Ahí, a mí lado quiero tocarte para sentirte cerca, porque me hace falta. ¿Ilusión? Puede ser. Pero ¿Que carajos? ¿En verdad estamos tan lastimados para inhibir al corazón dar su, quizá última canción? 

Y no, no estoy loco, simplemente frenético de un deseo por vos qué me desborda. Eso. Quiero conocerte, el impulso de. Eso es aquello que me mueve, me motoriza. El empuje hacia un vacío que puede ser el de entregarse o no, eso ya lo veremos, más adelante. 

¿Que es el tiempo? ¿Que es conocerse? Y no es que me quiera poner místico, pero sistematizar aquellos dos, envolverlos en la burbuja de lo esperable socialmente, del deber ser, deja de ser nosotros. Se convierte en una copia ortodoxa y vacía de sentido. Un corazón comprado, alquilado. De otro. Yo puedo, y quiero gozar lo que me pasa aquí, ahora. Así como conocí y me vincule con otros durante mucho tempo, esperando que esté me haga sentir y nunca se logró nada más que desilusión, puede que con vos el camino sea otro, y que tan solo me baste verte sonreír para que mí estómago enloquezca. 

Pueden decirme loco, apurado. Imprudente. Pero realmente me siento yo, lejos de esas miles de capas que debí crear al caminar por esta vida para poder sobrevivir, cuando intento vivir aquello que me pasa. Me pase toda la vida dudando, sobrepensando, analizando e intentando rellenar con palabras ese vacío en ser, lo que tan solo me condenó a inhibir, a posponer, a dejar para después. Antes había que pensar, que controlar, que encasillar en estándares de lo viejo, algo de eso nuevo para poder atravesarlo y salir endeble. Y eso no me pasa, por un momento entendí que entregarme a conocerte era lo que quería. 

Puede que me desilusione, que no seas mí chico. Puede que me lastimes, o que yo lo haga. Puede que no nos gustemos más en uno o dos días. Que todo salga mal, o que todo salga bien. Me abro a la posibilidad del placer o del dolor porque eso es estar vivo. Me hace sentir vivo tu calor, tu olor, tu presencia. Que aunque si necesito pensar, ya puedo también entregarme a sentir. 

Porque prefiero arrepentirme si todo sale mal, llorar, reordenarme y estallar, que no sentir. Que encasillar en tiempos esperables lo vivido. 

Y si, puede que te asuste. Puede que algo de eso deba ser callado, porque también quiero tu libertad. No quiero ser un importuno, un descuidado. El fuego ahí está, tan solo te espera a la fogata. 

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