Universidad universal
Mi abuela solía recordarme que ella no había podido estudiar. Me relataba, en un sinfín de historias, lo difícil que había sido llegar a cumplir su 6to año de primaria. Horas de caminatas en medio del monte para llegar la escuela. Pero no importaba cuánto variara la historia, siempre concluía con lo mismo: vos estudia, que podés. Hace lo que a mí me hubiera encantado y no pude.
Ellos, mi abuelo y mi abuela, apenas sabían leer y escribir. Condiciones que jamás se lo permitieron, hambre en los estómagos, y ausencia de políticas públicas.
La segunda generación ya llegó estudiada. Mi mama es docente hace 24 años, en escuela pública. Se recibió cuando yo tenía 9 años. Trabajaba como portera en un colegio para poder bancar a la familia y su magisterio. Noches en vela metida dentro de una camioneta vieja, a luz de vela, tapada con una frazada para soportar el frío, estudiando sin cansancio para ser quien deseo desde pequeña. Mi tia esta jubilada de docente, también en escuela pública. Mi otra tía... Docente de educación primaria y Profesora de matemáticas. Otra, docente de educación inicial. Las cuatro me enseñaron a valorar no solo la importancia de educarse, sino también la trascendencia de lo público. Hacer llegar el conocimiento a aquellos chicos que era impensable, una generación atrás el acceso a la educación.
Hice la primaria en una escuela privada pero subencionada casi en su totalidad por el estado. Instituto religioso, dónde no solo aprendí lo que en verdad era el adoctrinamiento, sino también la intolerancia y la falta de respeto hacia lo diferente. La exclusión y la falta de empatía, el abandono por la profesión. Luego me mudé de escuela y logré alcanzar mi título secundario.
Mamá contaba que cuando ella y sus hermanos terminaron el secundario, sus padres le presentaron dos opciones: o seguís estudiando o trabajas. Dos opciones enmascaradas en una sóla, la que convenía a la familia. Ella tuvo que esperar a que yo sea ya mayor para lograr su tan anhelado título. Conmigo la cosa fue distinta: vos tenés que estudiar. Lo que sea, pero estudia. En casa no se leían muchos libros, pero aún así nunca iban a negarmelos.
Comencé haciendo un profesorado. La crisis adolescente fue dura de transitar, y aunque podía ya intuir hacia donde quería seguir, era poco claro el camino. Así que seguí los pasos que en mi familia eran más evidentes. Otra vez caí en un instituto religioso, dónde en segundo año cursando filosofía ll un profesor tuvo que pasarnos una lista secreta de autores que deseaba que podamos conocer, pero que la institución prohibia... Me fui. Anhelando el conocímiento del tan amplio y vasto mundo de la mente humana, porque ahí si, eso siempre lo supe, hacia donde quería ir
Hasta que conocí la UBA. Por aquellos tiempos comencé a salir con un chico, mi primer novio, quien era estudiante de Bioquímica. No puedo ni podré hoy describir mis sentimientos al pisar esa institución. Un instante... Mágico, plagado de sueños, esperanza y vida. Un sinfin de personas diversas y entrelazadas en un camino común. Yo quería estar ahí, yo quería eso.
Fue difícil tomar valentía para inscribirme. Rondan muchos fantasmas sobre la Universidad de Buenos Aires, que hacen que sientas miedo. Es muy difícil, no vas a poder. Anda por el camino fácil, la universidad no es para vos. Voces que costó acallar. ¿Estaría dispuesto a viajar por horas para llegar a cursar? ¿Cómo solventar los elevados gastos de educarme?
El día de la inscripción salí llorando, emocionado. Era donde quería estar. Estudiando aquello que quería ser. Yo, un chico pobre, que vivía a dos horas de la facultad, sin posibilidad alguna de acceder a una formación universitaria privada. El primero de la familia, eso iba a ser.
Y si, es difícil ir a la UBA. La escuela no te enseña a estudiar, no te enseña a aprender. La escuela primaria, secundaria te enseña a repetir, a quedarte quieto y respetar la autoridad. En mis múltiples años dentro, solo una materia reprobé: imaginarán cuál fue... Si, gymnacia. Nunca me costó encajar en lo que la formación pedía, no era mucho. El problema apareció después, ahí en dónde si tenes que pensar, si tenes que leer e informarte. La UBA no adoctrina, construye junto a vos un pensamiento critico de una realidad que no es como te la enseñaron: binaria. La realidad es mucho más compleja, y todo lo que sabías, no era tan como te lo habían enseñado. Un nuevo y más amplio modo de pensar, de sentir, de ser. Una psicólogia comunitaria, situada, comprometida con la realidad social. Compañeros nuevos, con un sinfin de historias nuevas a tu alrededor, que llegaron, como vos, y no tanto. La diversidad universitaria, hijos de obreros y de altos funcionarios y empresarios. Diversidad de historias, de seres, que se entrelazan en un objetivo común.
Hoy rendí un examen de una de las últimas materias que estoy cursando. Cada vez falta poco, y pensarlo me emociona. Mirar atrás y pensar en todo el sacrificio que invertí para llegar acá. Los sueños y los miedos del devenir. Un futuro incierto pero que no sesa de llamarme a seguir descubiendo. Aún falta camino por recorrer, y aunque se vuelva difícil es donde quiero estar.
No me gane mi lugar, por eso lo defiendo. No llegue a la universidad por mérito ni propio, ni heredado, solo fui un chico más, de un barrio humilde, que deseo expandir su mente y que tuvo la valentía para alcanzarlo. Que debió madurar muchísimo, con muchos tropezones en el camino, antes de estar acá. Que aún convive con miles de fantasmas. Un nieto, un hijo, un eslabón más en la cadena generacional que elije creer. En lo público, en la educación, y en la felicidad de ejercer la profesión que tanto amas.
A mí la universidad me salvó. Cómo a muchos. Me abrió la cabeza a pensar otra alternativa, siempre. Y me sano.
A semanas de la marcha en contra del desfinanciamiento de la educación pública y gratuita, con un estado que defiende la idea del odio, la intolerancia, el individualismo. Que planea terminar, exterminar lo público... Es difícil quedarse callado. Y no solo por mi, sino por ser nieto e hijo, sobrino. Por las generaciones que vienen, que deben entender que la educación libera y que nos hace ser la mejor versión que podemos ser. Por aquellos que no pudieron, por aquellos que tuvieron miedo y eso los venció. Por haber elegido la Universidad de Buenos Aires como mi segundo hogar. Ahí donde yo soy.
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