Sobre los beneficios de la ansiedad

 Sobre el debate sobre las emociones, hay mucho para decir. No es la idea de este escrito meterme en ello. Solo diré que las entiendo como la respuesta del cuerpo ante las situaciones de la vida. El miedo por ejemplo, es la respuesta ignata ante lo desconocido, que podría lastimarnos. Ese "instinto" de supervivencia. Después arriba de eso se construye al QUE tenemos que temerle. Aprendido, construido. Que moldea al primero y lo significa. Esa cosa ignata, deja de serlo y a la vez sigue siendolo, como una fusión. Miedo se entrelaza con La palabra. Y ahí se moldean pensamientos

Percibimos una realidad, real. Pero hay otra realidad, la subjetiva. La propia. Es una, pero a la vez es diferente. 

Los pensamientos, emociones y conductas, son un sistema que funciona interconectado (la activación de uno implica, siempre, los otros dos, sea visible o no) y moldean la realidad común, lo físico y lo que nos enseñan. Dos realidades, pero una sola. 

La realidad es esquemática. Ese esquema de la Terapia cogniva. Ese. La respuesta a como es esa realidad percibida. Por cada uno. El yo soy, las cosas son, eso. Las respuestas a eso se alojan en los esquemas. Y esos forman la identidad, la personalidad. Cómo quieran llamarle. El Trauma. Los Aprendizajes positivos. Todo.

Entonces, volviendo al miedo. Cómo percibimos el miedo se vuelve sumamente importante. Porque pueden aparecer miedos mediados por palabras. Una ruta. Imaginen eso. El miedo es el conductor del auto. Pero a dónde vaya la ruta, ira el miedo, no más allá. Y la palabra viaja, en el tiempo y en el lugar. Porque eso es la palabra, invocar algo que no está. Entonces el miedo deja de ser al objeto presente (necesidad de correr intensa, y todo el embarollo químico que se produce en nuestro cuerpo alertando de una posible amenaza, con sus consecuencias en el cuerpo. Vuelvo, somos una cosa. Cuerpo, conducta, emoción, pensamiento). El miedo se restituye, ¿Cómo? ANSIEDAD 

En estás semanas pasadas se estreno Intensamente2. Realmente era una película que quería ver hace mucho. Su innovadora idea de presentar el mundo "mental" y personificarlos en seres y un mundo. Porque no solo fue Alegría, Tristeza, Miedo, Ira y Asco. Fue crear una realidad alterna en la que las emociones participaban de la interacción entre ellas y con un mundo aparte que reflejaba el "funcionamiento psíquico", es fantástico. 

Una especie de maquinaria mágica de la mente. Que en su primera parte nos enseñó que cada emoción importa. Que debemos aprender a convivir con ellas, a saberlas canalizar. Porque la tristeza no es mala, y estar mal tampoco. 

Es por ello, que en este mundo globalizado, es tan importante que podamos hablar también de la ansiedad, y sus modos en los que podemos también canalizarla en nosotros, en nuestro mundo. En darle un tesito, un sofá cómodo y decirle: bueno, hasta acá. Y en qué podamos gozar de la ansiedad, en su vertiente Goce Lacaniano, y en Goce de disfrute. En ambas, en sus aparentes opuestos fusionándose en otra cosa. 

No quiero dejar de pensar en como la segunda entrega de Intensamente2, luego de la presentación, nos implanta el conflicto de la represión, luego la crisis vital de la adolescencia, para después, terminar de colapsar por la aparición de nuevas entidades: Ansiedad, Enui, Vergüenza y Envidia. 

Un conjunto de novedades aparecen frente a los primeros personajes que deberán aprender a vivir en un mundo nuevo. 

Miedo ahí estaba. Y ansiedad apareció como nuevo ente, porque la fusión ya se había inventado, ahí en Dragón Ball. 

¿Que sucede cuando nos dejamos controlar por la ansiedad? Cuando nos dejamos (quererlo y sin querer) apoderar por la ansiedad, por el pensamiento a futuro y pasado constante, que revuelve una y otra vez escenas perdidas por estructura y fantaseadas. Y representaciones de un futuro imposible de controlar. 

Porque ahí está, el control y la necesidad de él nos llevan a buscar (conciente o inconscientemente) moldear nuestro futuro, con la torpe idea de que podemos capturar en su totalidad el futuro incierto. Y si, esa emoción puede apoderarse del teclado por horas, obligando a malgastar los recursos psiquicos, en planear. A futuro. O intentar revivir momentos del pasado perdido. Ahí, una vez más, ansiedad se arma de un esquema, que le dice con que preocuparse, con que rumiar. Soltar el pensamiento, sin control, a trabajar INTENSAMENTE una y otra vez. 

Nos perdemos la vida, pensando. Porque si se que no puedo tener el control, y a la vez quiero tenerlo, prefiero ahogarme en pensar. Solo fantasear. Y no vivo. Me pongo peros, dejo para después, procrastico, niego. Proyecto para mañana, sobre un mañana incierto que me frustra no poder atrapar. 

Pero la ansiedad no es mala. Exige trabajo, pienso, domesticarla. Hacerla amigable, porque es simple perder el control. Caer en los fantasmas es fácil, lo difícil es salir de ahí y darse cuenta que la vida cuenta, que uno debe vivirla INTENSAMENTE, sin dejarse apoderar por ninguna emoción. 

El Mindfulness propone, a grandez razgos, desentrarse y vivir aquello que nos pasa (emoción, pensamientos, conducta) en modo presenté. Hacer una reflexión, eso sí. Pero conectados realmente con quién somos. No desde los esquemas disfuncionales. Sino más bien desde el gran potencial que somos cada uno de nosotros. 

Yo ahí encuentro una manera de apasiguar la Ansiedad. Porque cada uno debe encontrar su camino, su ruta. En la que cada emoción pueda ser puesta en cuerpo y en pensamientos, pero que nos haga sentir bien. Porque al fin de cuentas, la pregunta no es quien es ese bichito anaranjado, sino ¿Será que acá la estoy pasando bien? Y listo. 

Nuestro cuerpo habla. Hay que saber escucharlo. Podemos identificar esos esquemas, con trabajo.

Que la ansiedad sea entonces una herramienta que nos deje modificar esa realidad. La propia y la de todos. Reelaborar ese tan acentado mundo que construimos como: esto es así, las cosas no van a cambiar. Yo no cambio. En un... ¿Por qué no? Y abrirse ante la posibilidad de creen en la ansiedad como motor, y no como malestar. 

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