Una vez más, en el camino de soltar. Que es la vida, en parte, sino perder. La perdida está ahí, apenas naces. Venis, sin elegirlo. A lidiar con un deseo de hijo que no te pertenece (y si) pero que no elegís.
Elegimos la vida, por sobre la muerte. Con el truco que la vida trae aún más muerte. Trae pérdidas. Dolores. Augurios de ruptura. De quiebre. Un deseo que es tuyo, pero que a la vez no te pertenece. Nacimiento, creación, desarrollo y muerte.
Hace unas dos semanas termine una relación. Una que duro un poco más de un año. Pero está vez, solo está vez, no termino tan mal. Porque pienso que quizá no fue una relación, sino que más bien me propuse encarnar un padre irreal que nunca fue, o más bien soy un loco que cree que a través del razocionicio puede acallar el dolor. Porque es eso, dolor. Eso que siento, solo eso. Y no puedo expulsarlo, porque no se cómo. Tomo otro trago de vino, fumo THC hasta quedar sin rumbo... ¿Para que?
¿Que es el fin? ¿Hay un fin sin muerte? Lo intente. Intenté que no sea como mis relaciones pasadas, sin terminar. Sin un quiebre. Nos lastimamos, si. Pero no tan grave como para tirar todo a la basura y odiarnos. Entonces creí que seguirle hablando me haría bien. Me haría superar el martirio de la separación. Pero no me está funcionando. Sigo dolido. Sigo sufriendo. Mucho.
Escucho el timbre de mi teléfono sonar, y corro a ver si me escribió algo. Otro reel estúpido, dos palabras, y ya esta ¿Eso quería? No. ¿Pensaste que eso, en algún momento, haría que tú mundo no se derrumbe?
Y claro que no lo hizo. Pero no por el, sino por mi. Porque ya logré entereza y deseo. Porque me prometí no volver a caer en la depresión, porque ya no quiero volver a la plena oscuridad. Y por eso estoy acá, parado, siendo algo pleno. Por eso puedo aún hablar, ser funcional, rendir un examen. Hacer como si nada sucediera... Y aún así llorar.
No lo llore. Aún no me di ese lujo. Y quizá siento que va llegando ese momento, dónde debo hacerlo. Para soltar. Para entender que si algo no funciona, aunque las cosas terminen mal, debemos alejarnos. Un tiempo. Para soltar.
Y pienso en el, pienso en su historia y lo que me contó. Pienso en como manejo sus rompimientos, y antes de juzgar, entiendo que no está en sus capacidades alejarse. Está muy solo. Igual que aquellas personas que lo rodean y dicen ser sus amigos. Yo no lo soy, y todavía no quiero serlo.
Todas las direcciones en la que piense, me dicen que me aleje, un tiempo, para rehacerme yo y ahí seguir con mi vida. Me apresure a bajarme esas app de citas que no llegan a nada. ¿Para que? Aburrimiento al paso, sin sentido. Requiero un tiempo para mí, para sanar. Para poder soltar. Y eso, sin querer notarlo, se hace solo.
Te escupo mi mierda otra vez, y te culpo a vos de tu incapacidad de no poder estar solo, y ¿Yo que soy? Lo mismo. Me conforme de las migajas de tu supuesto amor. Porque eso fue. Un año. Y enojado o no, entiendo que quise siempre yo de más, porque vos solo pudiste pensar en vos, solo en vos, en tapar tu inefable vacío, haciéndome creer, solo por momentos que me querías.
Me debo alejar. Y no encuentro las agallas para hacerlo. Porque pienso que me sentiré aún peor. Cómo si alguien, en esta puta existencia podría escapar al dolor. Cómo si perder no nos enseñace nada.
La existencia está marcada por un sin sentido. Por un abismo que no podemos llenar. Con personas, ni con cosas. Con trabajo ni con drogas. Eso somos. Somos vacío.
Pienso en las moléculas. Para que exista algo, una mínima cosa, antes debió haber vacío. La física tiene las respuestas. El mas grande paso de la vida es aprender y comprender que morimos solos.
Adiós. Que difícil decirlo, más difícil aprender a sentirlo. Aceptar que así es. Escapar, cuando lo necesitas. Bye bye
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