¿Creo en el destino? No lo sé. Creo en mi propia idea de destino. En una que le da sentido, una que construye trama pero que a la vez presenta variabilidad, imposibilidad. Ser.
Creo que las cosas nos pasan por algo, y que por algo que desconocemos de nosotros mismos nos prestamos a vivirlas. Porque si, de acá se desprenden dos ideas: que el destino es desconocido, y que destino es algo que elegimos sin elegir.
Porque uno elige. Y no esa elección conciente. Porque me gusta el chocolate, como chocolate. Hablo de algo más interno, más profundo, sino más bien ¿Por qué te gusta el chocolate? Que te guste el chocolate es que alguien te lo ofreció, ese alguien pensó en el chocolate como algo rico y que quería compartir. Con vos. Ese otro significativo que poso chocolate en tu boca, y por primera vez te lo hizo probar. Y que, con su mirada o palabra dijo que era sabroso. Y que luego vos incorporas como propio. Eso que fue ajeno. Y después te olvidas, por eso se vuelve desconocido. Elegimos cosas que no sabemos porque elegimos. Y eso lo hace incierto, para alguna parte de nosotros. Pero que aún causa goce. Goce que es nuestro. Y de nadie más. Porque el goce es de uno solo.
Entonces se forma cierta idea del destino. Una que se presta a la construcción socio histórica, pero que también algo de magia tiene. ¿Por qué te paso eso? ¿Por qué lo viviste así? Dos experiencias iguales, en dos sujetos distintos, ¿Son lo mismo?
Entonces se arma cierta identidad. Cierto ser. Que no es ser a la primera, ni a la segunda, ni a la tercera. Es ser en ese momento. Es ser presente. Nada más. No existe otra cosa. Porque a ese ser que vos decís que sos, siempre se le agregara una nueva experiencia. Y ahí ya hay otro. Entonces la identidad siempre es devenir.
El destino entonces es identidad. Es encontrar, es oportunidad, pero a la vez es que eso que me está pasando se haga propio. Porque... ¿Cuantas veces nos pasó algo que después de un largo rato entendímos como propias? ¿Cuantas veces nos quedamos colgados y luego de unos días, semanas, meses, años, dijimos: ahí está?
La magia del destino se presenta en mostrarte en el momento oportuno, la cosa que podés tomar. Y que eso que se formó por cosas del azar, lo puedas hacer propio. Ahí hay destino. Hay magia.
El destino se busca, se construye, pero también aparece mágicamente. Está en uno aceptarlo, o dejarlo ir.
Creo en el karma. Pero no una simple cosa masgica espiritual de ancestros y chamanes o más bobadas. Creo en un karma construido por quien fuimos. Y eso implica cadena generacional. Ahí está. Creo en un otro que nos habla. Y eso implica que estamos inciertos en unos cuantos deseos de un otro no resueltos, y que venimos a tapar, aliviar. A cumplir. Creo en los mandatos. En los que nos impusieron y en los auto impuestos. En el fantasma que no logramos entender de nosotros mismos que a la vez nos constituye. Eso es karma. Para mí.
El camino está y no está escrito. Ahí está la magia. Entre el s1 y el s2 está el sujeto, dice el psicoanálisis. Pues ahí está. Quien somos se aloja en la incertidumbre del significado incompleto. En dónde no existe realidad, ahí estamos.
Destino, que linda palabra. Un juego, un ruido que hace eco. Un sinfín de emociones. Un recorrido. Porque eso somos, recorrido. Y nada más. De acá, hasta la muerte
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