¿Qué es eso del curso de la vida? ¿Que cambia? Se transforma, crece. ¿En qué me equivoqué? ¿Por qué estoy acá?

Y quizá estás no sean más que preguntas filosóficas sobre un ser que desconozco y que nunca nunca lograré responder. Y así está bien. Solo me sirven hoy de introducción. 

Y es que si, más viejo me pongo, menos miedoso estoy. Más intolerable a veces, quizá ya se un poco más lo que quiero. Y aunque existan miles de cosas que pulir, ya no le temo tanto al que dirán. Es más, voy más profundo, no le temo tanto al que no me quieran. 

Nací disidencia. O me hice, llamemlo como quieran. Acá no quiero tratar el tema. Pero ser gay me trajo muchas dificultades en la vida. Porque no tuve ni contención familiar ni social. Nadie supo acompañarme. Porque ni yo sabía que me pasaba, o si lo sabía sentía que eso estaba mal. O no debía mostrarlo, y en el esfuerzo más me evidenciaba. Débil, tembloroso, introvertido. Yo juego solo. No quería soportar el rechazo (aunque aún así eso estaba, y muy fuerte) no quería ser no querido. La perdida de amor, el gran temor de mi vida. 

Entonces aprendí a callar. A respetar las normas, a hacer lo correcto. Siempre. Y las palabras, cuando uno se las traga, explotan. Y así termine. En periodos muy oscuros de mi vida. Algunos que recuerdo con pena de mi mismo, con dolor. Y de los que salí, y por eso hoy escribo. Para sentirme alguien. Que me formaron, y me repiten día a día que de toda esta mierda algo lindo va a salir. 

Entonces si algo no me gustaba, nada decía. Mejor ser el último, el chivo expiatorio. Sufría solo. Me negaba. 

Creci. Y quizá por simple voluntad, empecé a dejar eso atrás. E intento expresar mis ideas cada vez que puedo (a veces a los gritos, a veces sueno confundido, estoy recién aprendiendo algo que quizá otros cultivaron desde jóvenes). Una señora se acaba de colar en la fila del colectivo, y se lo remarque. 

Y seguro piensen, es una boludez eso. Pero no. Para mí no. Porque mi viejo Ezequiel, ese que quería que todos amen no lo habría echo. Querer ser querido por una señora que no conocía ni volveré a ver nunca. ¿Por qué? Encajar ¿Para quien? Porque la cosa, la enferma, siempre se pone más grande cuando ahí se deja estar. No sos tan importante, a veces me digo ¿Que te tiene que importar a vos, lo que esa vieja de mierda piense de vos?...

En el intento de querer ser amado, y no serlo, en la penumbra que me tocaba vivir solo, desarrolle algún tipo de ansiedad social. Me cuesta hablar con otros. Y más con los que quiero. Cuanto más estima le tengo a alguien, cuanto más cerca lo siento, más lo alejo. Porque así aprendí con mis pares, mis padres de la infancia. Porque sigo sintiendo que ese Ezequiel no es real. No es quien los otros querrán. Porque no me conozco bien, y porque aún quedan esos vestigios del ocultar. Si me escondo, la fantasía alcanza. Y aún así sufro. Mucho sufro. Esa ansiedad de no poder responder el mensaje de tu amigue, que querés con locura, pero que te deja frente a un hueco tan oscuro... 

Ya se, esto debería ser parte de mi terapia, pero la verdad es que solo hace meses vengo pensándolo. Es difícil pero ponerlo en palabras, y como saben escribirlo es también una forma de comenzar a hacer algo con esto. Porque nadie lo sabe. Ezequiel no solo es colgado, sino temeroso. 

El miedo de perder el amor es tan grande que me lleva a actuar para perderlo. Para justificar mis esquemas, aunque eso mismo me haga sentir una angustia tan pero tan grande. Un sinsentido. Un oscuro final. 

Y de fuera lo siento tonto. Porque me gusta conectar con otras personas. Lo disfruto mucho. No todos podemos hacerlo con todos, pero cuando pasa, hay magia. 

Perdí tanta gente por ser este loco ansioso social, y aunque a veces lucho, otras más gana. Es difícil. 

No quiero que mi historia me condene. Porque esas personas que hoy me rodean no son esos tontos niños de la escuela que me hacían bullying. 

Ya no tengo que ocultar quien soy. ¿Para que? 

Procesos, tiempos, esfuerzo. No es un llamado de ayuda, o tal vez si. Sino más bien una reflexión. Quería hacerlo. Solo porque me pelee con una señora, que desperto todo esto.

Solo las personas rotas podemos ayudar a reparar a otras personas rotas. O mejor dicho, podemos contener. Porque así, como si hay alguien en la misma que lee algo de esto y se siente identificado, le digo: también podemos hacer algo, volverlo otra cosa. Transformarlo. 

Nadie es estático, y aunque las experiencias puedan parecer oscuras, en el final está la luz. Y no a modo de autoayuda lo digo, sino al trabajo. Porque si, eso intento hacer con esto. Comenzar a dialogar y que esto o no pese tanto, o pueda convertirse en una advertencia. Entender que las personas que te quieren te quieren, y ya. No por lo que tenés, ni por la maravillosa persona que sos (no) sino por tus errores, desaciertos. Porque conectaron, de algún lado. Eso

Un trabajo, difícil que intento hacer. 

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