Sentir es difuso. Quizá porque nos es difícil ponerle nombre, quizá porque su escencia sea esa.
La verdad es que sentir es una porquería. Una emoción que te colma, a veces te nubla.
Deberíamos empezar pensando en que es una emoción, y luego saltar sin lugar a dudas a los sentimientos. Siempre que podamos darle algún sentido, quizá algo se suelde en el proceso.
Emoción es eso que nos pasa en el cuerpo. Es carne. Emocion es eso que Descartes tradujo, es puro cuerpo. Es pasión. Desenfreno. Es química. Es un pum, me toca el cuerpo.
Y ahí, cuando entendemos que algo está pasando, ahí ya es sentimiento. Porque el sentimiento es hablado. Por eso solo los seres con conciencia lo tenemos. Sentimiento es emocion atravesado (por el medio) con palabras. Palabras que solo tenemos los humanos.
Cuando le diste un sentido a eso que te pasa en el cuerpo, eso es sentimiento. Aunque esas palabras se discurran en el discurso, también lo es. Por eso el sentimiento es complicado, porque lo atraviesa la palabra.
La emoción es una sola: es desenfreno del cuerpo. Es un sistema simpático en marcha. Solo el ponernos el palabras le da lugar al sentimiento. O mejor dicho, la palabra. Sola. Ahí sola. Porque no siempre podemos poner en palabras lo que nos pasa. Y ahí es cuando el sentimiento se vuelve difuso. Nebuloso.
Y es contradictorio. El sentimiento es contradictorio. Porque ya no basta con el desenfreno emocional. Ya está, la pasión ya se fue. Pero vos sabes que ahí estuvo. ¿Por qué aquello que aclame amar ya no lo amo, y me encuentro con sentimientos encontrados de rechazo, odio? ¿Por qué aquello que en algún momento da tanta felicidad brinda también ese sentimiento contrario?
El sentimiento¿Es acaso contradictorio per se o lo volvemos así? ¿Dependera de nuestro modo de ser en ese ahora? ¿Por que me tiene que volver tan loco?
¿Se puede amar y odiar a la vez? ¿Se puede querer cerca y lejos, en el mismo instante? Creo que sí. Es cuestión de encontrarle la vuelta. Y a todo esto, basta con pensar menos y hacer más. No hay con que. En enfrentarnos a nuestro propio espejo a aceptar que está locura sentimiental siempre nos acompañará.
Aceptar la falta. La loca y tan rebuscada falta. Maldita falta.
La falta de que si algo siempre es, deja de serlo. Porque el lenguaje se maneja así. Al menos el nuestro, el humano. Aquello que nos hace ser nos condena. Entonces siempre habrá sentimientos encontrados.
Duros, vacios. Locos y absurdos. Envidiados y buscados.
Siempre
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