Amar

 Mucho de lo que me sucede hoy en día con mis vínculos amorosos me recuerda a mis padres. ¿Irónico no? Años de estudio en el tema y nunca lo supe. Nunca quise saberlo. Siempre lo calle. Y hoy, ante un corazón quebrado algo de eso resurge. O quizá solo son ideas. Torpes y absurdas ideas de quien soy. Aunque pienso que algo de verdad deben contener. Porque los recuerdos aparecen. Siempre aparecen. 

Y vivi con una madre que hablaba mucho de ella y un padre que hablaba muy poco de él. Un misterio y un abrumador mensaje. ¿Cómo combinar? No sé. Aún me lo preguntó. 

En mi infancia solo escuché a mi madre quejarse de mi padre. Eran más quejas que sonidos de amor. Errores de aquel tipo que te habria procreado. Hoy lo entiendo, o quizá un poco, que solo quería hablar con alguien y yo era ese recipiente. Que no debería haberlo hecho, claro que no. Yo era, no solo un niño, sino que ese del que hablaba era mi padre. Un enigma para mí. Pero eso lo entendí de grande. De chico solo podía escuchar. Y sus historias de queja, solo me habían reflexionar una cosa: ¿Por qué no te separas? ¿Por qué no huis? Es demasiado incompleto. Demasiado malo todo eso que te da. Retomaré después 

Mi padre, un hombre de pocas palabras. Una infancia dura, en la que nunca tuvo un momento para hablar con su padre. Entonces conmigo, una mínima charla costaba el doble. No sabía compartir conmigo. Nada. No supe nada de él hasta casi llegada la adultez. Solo cuando me atrevi a hablarle, a preguntarle. A romper esa barrera. A entender que si quería hablarme, solo que también sus propios traumas paternos le déjaron una mala pasada, y yo tuve que comérmela doblada. Así que mi infancia fue, claramente ausente. No sabía quién era. De dónde venía (pues mi abuelo, aunque riguroso, siempre fue muy cariñoso conmigo, no entendía de dónde venía) 

Escuché a mi madre soltar los peores y mas artos pensamientos de el. Entonces desfigure su imagen. Un padre enigma, una madre que habla demasiado. Me conforme una imagen de lo que el era, y falle. 

Y pongo todo esto en acto cuando intento amar a un hombre. Lo denigro, lo vuelvo añicos. No sirve lo que me da. Siempre me parece poco. Siempre. Igual que hacía mi madre con mi padre. Solo que como ella no puedo soltarlo. 

¿Acaso olvide porque siguen juntos? ¿Acaso nunca acepte la idea de que mi madre, más allá de la crítica, lo quería? Si. Lo olvido. Solo lo puedo pensar hoy. Porque soy adulto y pase por mucho, mucho, mucho sufrimiento que me hizo aceptar la diferencia. Aceptar que los otros pueden no querer lo que dicen querer. Pueden no querer lo que yo quiero. Y eso cuesta. Un montón. Aceptar la diferencia. Aceptar que el otro es otro. Y no es una cosa que se va a meter en tu cabeza y te va a comprender, sin esfuerzo, sin siquiera esfuerzo. 

Vincularse es difícil. Porque yo sigo queriendo repetir este patron maldito. De una madre que le pide amor a su padre que jamás le dió, y un padre enigma, plagado de muchas mañas. Veo todo eso en mi selección de parejas. Y me duele

Me duele porque el amor es otra cosa. El amor es cambio, es motor. No excusas para seguir repitiendo. El amor es cura. Y yo no intenté curarme. Intente volver a las raices. Repetir. Pura y salvaje repetición. Una que solo yo intérprete así. Por eso, no es este un post para culpar a mis padres de que me pasa hoy, pues entiendo que ellos hicieron lo que pudieron con las migajas de herramientas que tuvieron. Y bastante bien lo hicieron, dentro de todo. Pero algo de esa locura paso a mi. Y lo lo viví así. Lo interprete con mis propios ojos. Estos ojos que hoy se abren a hablar de esto. Que quieren contar una parte de su verdad. Solo eso

Amar es complicado. Y si es solo repetición, claro que va a salir mal. Amar es sanar, es alojarse en otro. Yo no sé amar. Pero quiero aprender. Un amor sano, lindo. Que pueda disfrutarlo. Y creo que entender de dónde vengo me ayuda mucho a curar esa herida. A ya no repetirla. A no reproducir. A intentar un nuevo camino 

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