Estoy sobrio. Aunque cueste. Y cuesta mucho. Usaba el alcohol para poder aliviar el sufrimiento, para poder distraerme, para poder dormir. Ahora el sufrimiento está ahí, siempre. Hace días que duermo solo unas tres horas por noche. Y esos sueños son más que nada pesadillas que terminan despertándome unas 5 veces. Pero bueno, me aliviaré. Saldré adelante, yo sé que si.
Y fue difícil tomar la decisión de ya no tomar más. Pero el alcohol ya arruinó muchas cosas en mi vida para dejarlo estar ahí. Y si, ya no lo quiero ahí.
Hace dos meses que vengo alcoholizandome diariamente. Vivir con resaca, destruirse. A eso iba. Y antes de eso me hizo arruinar mi vínculo con vos. Porque el alcohol sacaba lo peor de mi. El alcohol me hacía repetir aquellas cosas que creía había resuelto un poco. Pero no. La raíz siempre estuvo ahí. No puedo amar a alguien sin intentar constantemente incomoletarlo. No me dejó. Es con el modelo que creci. Con el que mis padres me criaron. El modelo que soy ahora, o al menos una parte. Porque esa parte ya no quiere estar ahí. Y ahora lo entendí. Y como la difícil decisión de dejar el alcohol, está también será una. Más difícil aun, pero confío en lograrlo.
Ya no quiero que el amor sea esto en mi vida. Porque me amaron un montón, y ahí me sentí en paz.
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