Mierda en arte

 No sé porque recordé una vivencia de mi infancia, que me hizo pensar mucho. Acerca de como cree un mundo, que no siempre fue verdad. Yo lo veía con gafas. Y se ve que estaban bien sucias

En la primaria, había un chico que se llamaba Nicolás. A veces pienso que si me lo cruzará en la calle hoy en día, le escupiria la cara. Lo golpearía hasta que mis manos sangraran. Pero también pienso que lo abrazaría y le diría que entendí que el me hacía la vida imposible a mi porque su vida era imposible de ser vivida. Porque seguramente llegaría a casa tampoco tendría padres que le brindarán un mínimo de conténsion. Seguramente era un niño tan vacío como yo. 

Nicolás no se cansaba de maltratarme, humillarme. Su pasatiempo favorito era el de hacerme sentir mal, con una crueldad inmensa. Me cuesta pensar que un niño puede ser malvado, pero lo viví. Entonces más que costar es no querer creer.

Entonces comencé a aislarme. Por miedo también a qué la gente pueda confirmar que yo era gay (porque Nicolás me molestaba con eso, con ser gay) los únicos referentes homosexuales que podía tener estaban en la tele. Hombres muy amanerados que solo podían acosar a otros hombres. Yo no me sentía identificado en eso, pero tenía miedo de que si sentía que me gustaba otro chico yo iba a ser así, sin poder controlarlo. Y eso haría que me humillen aun más. 

Recordé a Santi. Un niño con el que yo trabajo. Le propuse un juego, a lo que me respondió: el que pierda es gay. Entonces le pregunte? Que es ser gay? Y me dijo: no se, solo se que es malo. Sabías que yo soy gay? No. Y yo te parezco malo? No. Me gusta jugar con vos. Entonces parece que lo gay no es tan malo como parece. 

Volviendo a mi historia, no todos los nenes eran malos conmigo. Y ahí es cuando digo que mis gafas fallaron. Porque yo interiorice la idea de que todos los nenes me iban a tratar mal. Entonces me olvide de hacer amigos. Estaba solo y así quería estarlo. Para protegerme. Entendi a tan corta edad que yo no podía tener amigos. Que si los tenía en algún momento me harían sentir igual que me hizo sentir Nicolás. Y así creci y sin saberlo aleje a muchas personas, con buenas intenciones, que solo querían acercarse. Desde construirme un personaje, una máscara, hasta dejar de hablarles, sin preocuparme de como podía hacerlos sentir. Rechace la amistad. Y me aisle.

Cuando el daño era muy grande y las burlas de Nicolás hacían que le pida por favor a mi mamá ya no ir al colegio, ella en vez de abrazarme, darme un consejo, darme herramientas para que yo pueda lidiar con eso, llamo a la casa de Nicolás y les contó la situación. ¿Que se podría esperar de los padres de Nicolás? Que nunca le enseñaron a ser bueno, a respetar. 

Al otro día, apenas llegué las burlas comenzaron. "No podés defenderte solo putito" fue lo único que escuché. Todo el día. Y ya no podía volver a casa y rogar que no me envíen al colegio... Ya solo quedaba aguantar. 

Mi mama hizo lo que puedo. Conociendo su historia, no fue una hija a qué le brindarán mucha contención. Y cuando no te contienen demasiado querés cuidar en exceso. Pero ese exceso era lo que más me hacía daño. 

Lloro al pensar que con mi carrera y mi profesión puedo dar vuelta mi historia, cambiar el rumbo de lo que me sucedió. Convertir la mierda en arte. Hacer música con esos sonidos incómodos de mi infancia. Y quizá, en algún momento, hacer que otro Ezequiel pueda transitar algo parecido a lo que a mí me pasó, pero que sepa que lo hará acompañado. 

No todos te querrán dañar. Habrá gente hermosa que solo venga a iluminarte la vida. Porque si, hay gente buena. También la hubo en mi infancia, pero yo tenía tanto tanto miedo de ser quien era, de en quien me convertiría, que me cerré a la idea de pensar la diferencia. 

Abrir los ojos es un poco esto, convertir tu dolor en paz. Empezar a sanar. A perdonar. Y por sobre todo a vivir la vida que elijo vivir

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