Siento que estoy perdiendo el control. O en realidad ya lo perdí y ahora solo pago sus consecuencias. 

Está noche tuve un sueño. Una no tan pesadilla pero que me dejó un sabor amargo en la boca. Era tonto, me volvían a contratar de mi antiguo trabajo pero al momento donde me presentaban al niño al que yo debía cuidar, este se escapaba, corría y era atropellado por un auto. Y desperté. Desperté con un montón de ideas. Ideas que traduzco en cada cosa que hago

Comencé el año con esperanzas. La oportunidad del trabajo soñado, la meta de recibirme, hasta me enamore. Del chico más lindo que alguna vez pude tener. Y de ahí, solo fue el debaque. 

Yo ya venía con problemas, no digo que no. Perdi, me aleje de una de mis más grandes amigas. De esas de un millón. La única con la que habla perdido el miedo de contarle mi mierda. Por un simple desentendido que luego tuve vergüenza de volver a hablar. Yo no hablo con la gente de cómo me siento. No me sale. Tengo mucho miedo al rechazo. Y paso. 

Luego una situación en el trabajo. Uno de los niños se desquició a la hora de la salida. Yo ya estaba cansado. La ingesta del alcohol diario, las largas horas casi diarias de trabajo y cursada. Y entonces le grité, le tire sus zapatillas bruscamente. Y me enoje. Me enojé muchísimo. Y mi jefa me lo dijo. No de mala manera, eso es lo peor. Hasta me ayudó a qué eso ya no pase y que si en algún momento tenía un mal día, podría hablarlo y que me apoyarían. Lo sentí como un reto, pero no esos que te hacen sentir humillado.... Pero así me sentí. Humillado. 

Esa sensacion hizo que todos mis fantasmas, de lo que no me gusta hablar pero que ahora, al borde del colapso, necesitan salir. Porque yo no fui suficientememte bueno aquella vez...

Quiero la perfección. O al menos eso me hicieron creer. Las expectativas de un niño tratando de ser dos por la muerte de mi hermano. El sufrimiento de mi madre frente a la perdida que me obligó a ser el mejor. Yo no podía permitirme menos. Pero era solo un niño. Equivocaciones de un niño que eran reprendidas con castigos muy severos, y yo, cómo niño, nunca entendí la causa. Mi infancia, con gustos pocos masculinos, intentando siempre encajar en algo que no era y que no podía disimular. Me aislaron dd mis sentimientos. Y otra vez no era lo suficientemente bueno. 

Si no destacas... Corre. Y ese fue mi mecanismo  de defensa. Si no sos el mejor no te lo mereces. No puedo aceptar tener errores. Porque tener errores era recordarle a mi madre lo que había perdido. Tener errores era que el "maricon" sea otra vez la burla. 

Y como defensa opte por el autosabotaje. 

Cuando me marcaron mi error en el trabajo solo pude salir corriendo. Comencé a errar peor. Yo no lo merecía. Yo tenía que sufrir por eso. Y lo logre.

Con mi pareja paso algo parecido. Semanas en las que ni una gota de alcohol entrara por mis venas hasta que le dije: tomamos algo? Confío en que está vez voy a estar bien. Tome dos vasos de fernet y volví a perder la conciencia. Volví a fallar. El se fue (ni siquiera por enojo) pero yo lo entendí, nuevamente que no era suficiente. Que no me merecía eso tan lindo que me pasaba. Que no era el amante que el esperaba de mi. Y volví a recaer. Casi dos días a puro alcohol. Que dejaron a mi cuerpo en condiciones que jamás pensé que podría sentir. Temblores de abstinencia, ¿Saben lo del que es eso?

En verdad vengo a escribir esto solo para descargar. Porque se que no puedo parar solo, pero que quizá con empezar a identificar que me pasa...  No sé. Alivie un poco mi angustia. 

Odio tener el potencial de tener todo lo que quiero, pedo aún así fracasar porque no siento que sea capaz. Capaz de alcanzar ese yo ideal que no existe. Porque perfecto nadie es. Todos podemos tener malos días, todos podemos tener momentos en los que tenemos que decir, aunque sea un día: yo no quiero. No puedo. 

Y no lo acepto. Me cuesta la idea de no ser eso que me cree como una protección al ir y venir de vivencias. Al aferrarme a ellas como verdades absolutas con las que debo cargar a diario. 

Me duele ser así. Me lastima. Mi gran año casi que se fue al carajo. Y digo casi porque aún tengo a mi familia y a Matías a mi lado. Apoyándome en cada paso al camino de la recuperación. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Caos